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Fecha: Diciembre de 2000

Mi Niñez, Mi Sabat, Mi libertad

Ensayo escrito por Michael Jackson

Página Internet: Belief.net

 

 

 



En una de nuestras conversaciones junto a mi amigo, el Rabino Shmuley, me dijo que había propuesto a algunos de sus colegas (escritores, pensadores y artistas) que escribieran sus reflexiones sobre el Sabát. Él sugirió entonces que yo apunte mis propios pensamientos sobre el asunto. Estaba intrigado por el proyecto, justo en el momento de la reciente muerte de Rose Fine, una mujer judía quien era tutora en mi niñez  y quién viajó conmigo y mis hermanos cuando éramos "The Jackson Five".

Cuando las personas ven las apariciones que hice en la televisión, era apenas un muchacho (8 o 9 años), ellos ven  a un muchacho con una gran sonrisa. Asumen que este pequeño está sonriendo porque es alegre, que está cantando con su corazón porque es feliz, y que está bailando con una energía que nunca deja, porque está distendido. Mientras cantaba y bailaba era feliz, y sigo siéndolo. En ese momento lo que más quise eran dos cosas que hacían  años maravillosos a mi  niñez, a saber:  la hora de recreo y  el sentimiento de ser libre. El gran público tiene que entender las presiones de un niño célebre, todo ese éxito siempre exige un gran precio. Mas siempre, deseé ser un muchacho normal. Quise construir las casas del árbol e ir a patinar en las fiestas. Pero siempre fue imposible. Tenía que aceptar que mi niñez sería diferente a la mayoría de los otros. Eso fue lo que siempre hizo preguntarme como seria una niñez normal.

Había un día en la semana, sin embargo, que yo podía escaparme de los estudios de Hollywood y de las muchedumbres de los conciertos. Ese día era el Sabát. En todo las religiones, el Sabát es un día que se le permite y se le exige al creyente que ande fuera de lo cotidiano y se enfoque hacia lo trascendental. Yo aprendí algo en particular sobre el Sabát Judío, en particular de Rose, y mi amigo Shmuley  me fue clarificando cómo, en el Sabát judío, la vida cotidiana de cocinar la cena, comprar comestibles y regar el césped, dan paso a lo extraordinario, natural y milagroso. En este día, el Sabát, todo el mundo consigue detener al ser ordinario.

Pero lo que yo quería, estaba más allá del ser ordinario o trascendental. Así que, en mi mundo, el Sabát era el día en que podía caminar fuera de mi única vida y vislumbrar lo cotidiano. Los domingos eran mi un día para "Abrir caminos", (el término usado para el trabajo misionero de los testigos de Jehová). Nosotros nos pasábamos el día en los suburbios de California del Sur, yendo de puerta en  puerta o haciendo rondas en el centro comercial distribuyendo nuestra revista de la "Atalaya". Continué mi trabajo de "abrir caminos" durante años.  Después de 1991, luego de mi gira "Dangerous", me disfrazada con un traje de gordo, peluca, barba, gafas y salía por diferentes lugares, visitando shopping y casas rodantes en los suburbios. Amé poner el pie en todas esas casas y ver a los niños jugando al Monopolio o con sus abuelas sentadas en sillones  mimándolos; todo aquello era maravillosamente ordinario y para mí eran mágicas escenas de la vida.  Muchos, lo sé, dirían que estas cosas no parecen nada grande. Pero para mí eran realmente fascinantes.

La cosa más cómica era que ningún adulto alguna vez sospechó quién era ese extraño hombre de barba. Pero los niños, con su intuición extra, lo supieron enseguida. Como el  Flautista de Hamlin, me seguían ocho o nueve niños alrededor del centro comercial. Ellos me seguían, susurraban y se reían, pero no revelaban mi secreto a sus padres. Eran mis pequeños ayudantes. Eh, quizás usted recibió una revista dada por mí. ¿Ahora se estará preguntando seguramente si así fue?.

Los domingos eran sagrados por otras dos razones. El día en que asistía a la iglesia y el día que ensayaba duramente. Esto puede parecer que contradecía la idea del "resto del Sabát," pero era la manera más sagrada de pasar mi tiempo: desarrollando los talentos que Dios me dio. La iglesia era un obsequio en su propio derecho. Era de nuevo una oportunidad para mí de ser " normal." Los superiores de la iglesia me trataron igual que trataban a todos los demás.

Cuando era niño, mi familia entera asistía a la iglesia en Indiana. Cuando nosotros crecimos, se puso difícil, y mi madre notable y verdaderamente santa a veces terminó yendo sola. Cuando las circunstancias hicieron difícil que yo asista, me conforté con la creencia de que Dios existe en mi corazón, en la música y en la belleza, no sólo en un edificio. Pero todavía extraño el sentido de comunidad que sentía allí. Extraño a los amigos y a las personas que me trataron solo como uno más de ellos. Simplemente humano, compartiendo un día con Dios.

Cuando fui padre, mi sentido entero de Dios y del Sabát fueron redefinidos. Cuando miro a los ojos de mi hijo, Prínce, o de mi hija París, veo los milagros y  la belleza. Cada día se vuelve "el Sabát". Teniendo a los niños me permito entrar en este mundo mágico y santo a cada momento de todos los días. Veo a Dios a través de mis niños. Hablo con Dios a través de mis niños. Agradezco las bendiciones que Él me ha dado.

Han habido tiempos en mi vida cuando, como todos, he tenido que preguntarme por la existencia de Dios. Cuando Prince sonríe, cuando París se ríe,  no tengo ninguna duda. Los niños son el regalo de Dios. Ellos son la energía de Dios, su creatividad y su amor. Dios es visto así en esa inocencia de la niñez y experimentado esta alegría.

Mis días más preciosos como un niño eran esos domingos cuando pude ser libre. Eso es lo que el Sabát siempre ha sido para mí. Un día de libertad. Ahora yo encuentro esta libertad y magia todos los días en mi papel como padre. Lo asombroso es que todos tenemos la habilidad de hacer todos los días el día precioso, que es el Sabát. Nosotros hacemos esto entregando nuestro corazón y teniendo en mente a las pequeñas personas que llamamos hijo e hija. El tiempo que nos pasamos con ellos es el Sabát. El lugar en que estamos se llama el Paraíso."

 

 


 

     
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