Toda la Verdad en notas reveladoras...
 


 
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Yo estuve con 
Michael Jackson

Algunos lectores han conocido a la estrella. Así fue su encuentro en la tercera fase.

 

Qué harías si tuvieras al mismísimo Michael delante? ¿Te temblarían las piernas? ¿Se quebraría tu voz? Son muchos los fans que han deseado conocer a su ídolo; pocos lo han logrado. Ellos cuentan qué les pareció.

PINO SAGLIOCCO
Promotor de los conciertos de Jackson en España.

Es un alma limpia, una persona de paz, un niño grande. Educado y cariñoso. Como todo gran artista, tiene sus excentricidades. Además vive protegido de la vida en una burbuja. Pero su interés por los niños es sincero. Está completamente dedicado a ellos. Siempre están en sus discos. Para él, los niños hablan con el corazón. Cree en ello, no es una fachada. Cada semana pasan miles de niños por su mansión. Es un Peter Pan del siglo XXI. Fue una gran injusticia lo que le hicieron.

Cuando más relación tuve con él fue a finales de los ochenta. Fuimos muy amigos. En esa época, sólo venía a una ciudad en Europa y era siempre española: Zaragoza, Canarias, Valladolid…

Seguirá siendo el más grande, del siglo XX y del XXI. El mejor bailarín, cantante, el mejor R&B, el mejor de todo.

JUAN BOLEA
Concejal de cultura de Zaragoza en 1996, cuando Jackson actuó allí.

Le conocí en Praga, unos días antes del concierto en España. Me lo presentó Marcel Abraham, el famoso promotor judío, su manager mundial. Fue una conversación de un par de minutos, yo le comenté cómo iban los preparativos del concierto en España y él estuvo muy interesado, pero poco comunicativo. Es muy tímido, no habla mucho, normalmente contesta con monosílabos, y de vez en cuando pronuncia alguna frase aislada, pero no con extraños.
Una de las condiciones del contrato era que el letrero 'King of Pop' apareciera en todos los carteles. También su avión, en el que aterrizó con casi 300 personas a bordo -entre técnicos, bailarines, promotores, etc.-, llevaba pintada esa leyenda.
Me preguntó si el Rey iba a asistir a su concierto. Le pregunté por qué tenía interés en que fuera. "Si yo soy el rey del pop", dijo, "me gustaría que viniese el rey de España". Yo le dije que iba a hacer todo lo posible para que el Rey fuera, pero que iba a ser difícil, porque tenía que ocuparse de tareas de Estado. Y que probablemente iría una de las princesas. Así fue. Vino la infanta Cristina, con Alexia de Grecia y algunos amigos más. Jackson los atendió a todos en el camerino, antes del concierto; estuvo muy cariñoso.

Cuando llegó, en el aeropuerto había unas 500 personas al pie del avión, y casi 5.000 en la puerta del hotel Boston. Yo perdí la corbata, me arrancaron un mechón de pelo, y a Michael media patilla. La gente se tiraba encima. La puerta del hotel se la cargaron.
Uno de los managers me dijo que Michael "quería dar una vuelta". Salimos por el garaje y nos fuimos a un centro comercial a las afueras de Zaragoza. Se organizó la mundial, se caía todo a nuestro paso, los letreros, las ofertas, la gente intentó trepar por las escaleras mecánicas detrás de él, fue bestial. Y él estaba absolutamente imperturbable, creo que disfrutaba de todo lo que estaba sucediendo, pero no comentó nada.

Lo metimos en una tienda de discos y compró sus propios discos ('Thriller' y otro, no recuerdo cuál) y los de James Brown. En el hotel se había hecho instalar una pequeña pista de baile dentro de la suite. Era una de las condiciones del contrato, que recuerdo con pánico: Tenía 150 páginas y era absolutamente puntilloso. Otra cláusula -no obligatoria, pero sí una sugerencia- era una visita a un hospital o algo relacionado con la infancia. Se organizó gran revuelo, él llevó unos cuantos regalos para los críos, y fue una cosa relativamente sincera, dentro de que todo es un simple espectáculo. Los críos estaban paralizados, impresionados, no podían ni hablar. No hubo nada excepcional salvo su propia actuación permanente, que es lo extraordinario.

A mí me pareció sincera su preocupación por los críos, pero él mismo me pareció un niño. Era muy infantil, hasta en la voz, era un pusilánime, vulnerable.

Aún así, me pareció un personaje genial, porque creo que es el único artista que ha conseguido ocultar por completo su personalidad. No había manera humana de diferenciar al personaje de la persona. Él es así, no creas que finge. Ha eliminado al antiguo Michael.

JOAQUÍN LUQUI
Periodista musical. Conoció a Jackson en 1977. Después, en España, le acompañó a comprar cerámica.

La primera vez que hablé con él fue en 1977, cuando Sony nos llevó a ver unas actuaciones. Yo no soy bailón, pero le vi bailar y pensé que sólo Nureyev daba esas vueltas sobre sí mismo varias veces como él. ¡Y era un crío!

Cuando me lo presentaron, le llamó la atención mi apellido, lo pronunciaba 'lucky' (afortunado, en inglés). Le recordaba al primer sitio en el que actuó, un local llamado Mr. Lucky. A partir de ahí, siempre que me vio me llamó Mr. Lucky.

Un año después vino a España con los Jackson 5. Sus hermanos pidieron que les llevaran a sitios donde pudieran ligar con guapas chicas negras. Él me pidió ir al Prado, y como estaba cerrado, quiso ver cerámica de Lladró. Así que ahí nos ves en la Gran Vía buscando una tienda. En esa época nadie le conocía. Compró varias figuras. Lo que descubrí cuando le conocí es que, realmente, era diferente.

Luego le vi en el 82-83, se hizo una gran fiesta en Estados Unidos a propósito de 'Thriller'. Me llamó la atención que en su mansión tenía una sala llena de juegos para los niños y, al lado, otra para niños con minusvalías. Ya entonces era Peter Pan. Eso fue antes de que empezara con el vitiligo, una enfermedad que tienen muchos negros, que consiste en que van perdiendo el color, en zonas de su cuerpo o en todo. Es cierto que se operó. Hablando un día de su infancia, me decía que su padre (y manager) le pegaba para que actuase cuando él quería jugar. Cuando cumplió 18, dijo que no lo quería como manager y quiso quitar cualquier rastro de él en su rostro, así que empezó por la nariz. La última vez que le vi, en un hotel de Londres, aluciné cuando le vi la cara. Me preocupó. Pero le entiendo, porque nunca tuvo una infancia normal. Es muy raro, como un E.T., pero tiene un corazón de oro. Y sus rarezas tienen una explicación humana.

ISABEL COELLO - ROLLING STONE MAGAZINE

 

 


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