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Editorial La Corte

Desde el mismo instante del fallecimiento de Michael Jackson, o quizás incluso antes, las decisiones sobre su carrera no eran tomadas exclusivamente por el artista.

La industria del espectáculo y la música estuvo marcada durante varias décadas por picos históricos de ventas en formatos físicos, comenzando con el vinilo, luego el cassette y finalmente el disco compacto.

La llegada masiva del internet a todos los hogares del mundo en los últimos años de la década de los noventa y su inserción en los teléfonos celulares a partir de la segunda década del siglo veintiuno cambiaron radicalmente el panorama musical.

Fue como barajar y dar de nuevo, ya que quedaba claro que el formato físico cedía terreno ante la explosión de lo digital. Esto provocó una mutación en el negocio, donde aquellos que no se adaptaban dejaban de existir.

Michael Jackson comprendió rápidamente la inserción de la tecnología en la música. No solo porque era un visionario del arte y los negocios, sino también porque era un ferviente seguidor de las innovaciones tecnológicas.

En sus discos y videos, utilizó todas las novedades que ofrecía el mundo digital. Pronto se dio cuenta de que el mercado estaba cambiando y quería formar parte de esa transformación, explorando plataformas de internet incipientes, la posibilidad de descargas de música sin penalizaciones para el consumidor, la participación en la industria del videojuego en línea, entre otras cosas.

Este preámbulo sirve para destacar que Michael ya no está con nosotros, y ahora su nombre y apellido son una marca. Su Estate, más allá de ser una figura legal sucesoria, es toda una empresa que toma decisiones basadas en la premisa de beneficios económicos, relegando a un segundo o tercer plano las consideraciones artísticas y el legado de Jackson.

Todas las decisiones de Michael Jackson en vida, como la elección de no lanzar demos o material que no llevara su sello de aprobación, fueron dejadas de lado. Por ejemplo, el material fílmico utilizado en el largometraje “This Is It” provenía de grabaciones en video personales de Michael, no destinadas a un lanzamiento futuro, sino como parte de su colección personal, una práctica que mantuvo a lo largo de su carrera, filmando desde ensayos hasta sus viajes durante las giras.

Hoy, sin Jackson, su patrimonio y los frutos de su carrera tienen un precio de mercado. Esto se refleja en la comercialización de sus preciados catálogos, como el “catalogo beatle” y ahora los catálogos “Mijac y Michael Jackson publishing”, que se negocian como mercancía entre el Estate y Sony Music. Aunque esto provoca la ira de sus seguidores, no sorprende.

Desde la venta de Neverland Ranch hasta la subasta de objetos personales sin intentar recuperarlos para un futuro museo, y los recientes acuerdos de venta parcial de los catálogos, muestran una estrategia comercial del Estate que no se explica por parte de los ejecutores, y donde solo en la superficie se aprecia la entrada de dinero a sus arcas.

Ni su familia ni nadie tiene el poder de veto, ya que estas decisiones se toman a través de la institución legal que es el “Estate”, que solo rinde cuentas al juez del sucesorio.

¿Qué sucederá a largo plazo con todos estos negocios?. Solo el tiempo revelará la efectividad de las decisiones comerciales tomadas. Algunos creen que la participación de Sony, a pesar de los conflictos previos con Jackson, será positiva para la difusión del arte del Rey del Pop, ya que están invirtiendo dinero para ganar dinero. Otros consideran estas ventas como una traición al propio creador.

No deberíamos sorprendernos por lo que ha ocurrido, ni por lo que vendrá en el futuro. Muchos fuimos testigos en las últimas décadas de vida de Michael, de los negocios que se realizaban a su alrededor por sus allegados, manager, familiares o amigos. Cada uno llegaba, hacía su negocio, contaba los billetes y se retiraba tan rápido como había llegado.

La industria musical es una empresa, un negocio que cotiza en bolsa, tiene su valor pecuniario, es transable y se extiende más allá del creador de la letra, de la música y del intérprete, y de la propia vida de estos. Este es el mercado, y desafortunadamente, Michael Jackson no es la excepción a la regla aunque nos duela a nosotros, sus seguidores.

ÍDOLOS QUE CAMBIAN LA VIDA DE LAS PERSONAS, NUNCA SERÁN OLVIDADOS

Gustavo Cusnier – Presidente

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