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El Mago

Título original: The Wiz – El Mago
Gran premiere en Nueva York: 24 de octubre de 1978
Estreno comercial en Nueva York: 25 de octubre de 1978
Director: Sidney Lumet
Duración: aproximadamente 133 minutos
Presupuesto final: aproximadamente U$S 24.000.000

Cuando Michael Jackson se convirtió en el Espantapájaros de The Wiz tenía apenas 19 años, pero llevaba más de una década frente al público. Había conocido el éxito cuando todavía era un niño, había recorrido escenarios de todo el mundo con sus hermanos y había aprendido muy temprano qué significaba vivir bajo las luces. Sin embargo, a mediados de los años setenta comenzaba para él una etapa diferente. Ya no era aquel pequeño prodigio de los Jackson 5 y empezaba a buscar nuevos espacios donde demostrar hasta dónde podía llegar como artista adulto. El cine era uno de ellos.

The Wiz apareció precisamente en ese momento de transición y lo hizo de una manera casi perfecta, porque Michael no llegó al proyecto sin conocerlo. Antes de que alguien le ofreciera interpretar al Espantapájaros, ya era admirador del musical de Broadway. En febrero de 1977, durante una visita a Nueva York, contó a la periodista Lisa Robinson que había visto The Wiz tres veces y que pensaba permanecer un día más en la ciudad para volver a verlo. No se trataba, por lo tanto, de un título extraño que apareció repentinamente en su carrera: Michael conocía su música, sus personajes y el particular universo que aquella obra había creado a partir del clásico de L. Frank Baum.

El musical se había estrenado en Broadway en enero de 1975, con libreto de William F. Brown y música y letras de Charlie Smalls. Su propuesta consistía en reinterpretar The Wonderful Wizard of Oz desde una sensibilidad afroamericana contemporánea, trasladando la historia de Dorothy, el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León hacia un lenguaje musical, visual y cultural diferente del que el público asociaba con la célebre película protagonizada por Judy Garland.

La producción, encabezada por Stephanie Mills como Dorothy, se convirtió en uno de los grandes éxitos teatrales de aquellos años. Ganó siete premios Tony, incluido el de Mejor Musical, y permaneció en Broadway durante más de cuatro años. Hollywood no tardó en interesarse y, en 1976, Universal Pictures y Motown comenzaron a desarrollar una adaptación cinematográfica de enorme escala. El productor Rob Cohen fue una de las figuras decisivas para que el proyecto avanzara, pero llevar The Wiz al cine suponía mucho más que filmar el espectáculo teatral: había que volver a imaginar Oz para la pantalla grande y encontrar un reparto capaz de convertir aquella fantasía en un verdadero acontecimiento cinematográfico.

Michael todavía no sabía que terminaría formando parte de él, pero su interés por The Wiz ya estaba allí. Había ido al teatro como espectador y había regresado varias veces. Meses después, ese mismo universo que observaba desde una butaca se convertiría prácticamente en su vida cotidiana.

El papel que Michael quería interpretar

Durante 1977 comenzaron a aparecer las primeras noticias concretas sobre la película. Diana Ross había conseguido finalmente el papel de Dorothy después de insistir durante meses en que quería protagonizar la adaptación. Su incorporación transformó profundamente el proyecto: Dorothy dejó de ser la adolescente del musical de Broadway para convertirse, en el guion cinematográfico de Joel Schumacher, en una joven maestra de Harlem tímida, insegura y temerosa de abandonar el pequeño mundo donde se sentía protegida.

La decisión también modificó el tono de toda la historia. El viaje ya no sería el de una niña que intenta regresar a Kansas, sino el de una mujer adulta que debe abandonar sus miedos y descubrir una independencia que hasta entonces no se había permitido.

Michael seguía de cerca todo aquello y, cuando finalmente recibió la propuesta para interpretar al Espantapájaros, su reacción fue inmediata. En una entrevista concedida en agosto de 1977, poco antes de trasladarse a Nueva York para comenzar el trabajo, explicó que no había tenido que presentarse a una audición convencional. Desde la oficina de los Jackson le comunicaron que Sidney Lumet quería contar con él para el personaje.

La precisión es importante porque durante décadas circularon reconstrucciones posteriores según las cuales Lumet no habría estado inicialmente convencido de elegirlo y durante las primeras etapas del casting se habrían considerado otros actores. Es perfectamente posible que aquellas discusiones internas hubieran existido, pero para cuando la propuesta llegó formalmente a Michael, él entendía que el director ya lo quería como su Espantapájaros. No hay necesidad de convertir ambas versiones en una contradicción: una corresponde al desarrollo interno del proyecto y la otra al momento concreto en que Michael recibió la oferta.

Michael tampoco necesitó demasiado tiempo para decidir. Conocía el musical, admiraba el proyecto y la película reunía dos aspiraciones que llevaba tiempo alimentando: actuar y hacerlo dentro de una gran producción musical. Durante aquellos meses explicó que siempre había deseado que su primera película fuese un musical.

No era un detalle menor. Michael había aparecido desde niño en numerosos programas de televisión, especiales y sketches junto a sus hermanos, pero The Wiz significaba otra cosa. Era su ingreso formal en un largometraje cinematográfico de gran presupuesto, dirigido por uno de los realizadores más prestigiosos de Hollywood y acompañado por algunos de los nombres más importantes del espectáculo afroamericano de aquellos años.

Sidney Lumet venía de dirigir películas como Serpico, Dog Day Afternoon y Network. No era un especialista en musicales; de hecho, nunca había dirigido uno. Precisamente por eso su presencia resultaba tan inesperada. Lumet decidió abandonar la idea de un Oz completamente desligado de la realidad y convertir Nueva York en el propio país de Oz. Michael iba a hacer su debut cinematográfico recorriendo una ciudad que conocía, pero transformada hasta convertirse en un gigantesco escenario de fantasía.

Michael y su Espantapájaros

Lo verdaderamente interesante es que Michael no veía al Espantapájaros como un simple personaje cómico. En las entrevistas que concedió durante 1977 y 1978 explicó varias veces qué encontraba dentro de él. Para Michael, el Espantapájaros no era alguien que carecía de inteligencia, sino alguien inteligente que había sido convencido de que no lo era.

Los cuervos lo humillaban, se burlaban de él y terminaban haciéndole creer que era incapaz de pensar por sí mismo. El verdadero problema del personaje no estaba en su cerebro, sino en su falta de confianza. Michael encontraba allí una enseñanza aplicable a la vida real: muchas personas poseen capacidades que nunca llegan a descubrir porque han permitido que otros las convenzan de que no son suficientemente buenas.

Aquella interpretación aparece repetidamente en sus declaraciones contemporáneas, por lo que no se trata de una explicación creada años después para engrandecer retrospectivamente al personaje. Michael estaba pensando así al Espantapájaros mientras lo interpretaba y había leído también The Wonderful Wizard of Oz de L. Frank Baum para comprender mejor el universo del que provenía.

Para un joven que había vivido prácticamente toda su vida sometido a juicios, comparaciones y expectativas extraordinarias, el personaje podía contener resonancias evidentes, aunque no sea necesario convertir esa coincidencia en una interpretación psicológica que Michael nunca formuló. Lo que sí sabemos es que comprendía perfectamente su esencia: alguien que debía descubrir que poseía desde el principio aquello que había salido a buscar.

También le interesaba la confusión del personaje. El Espantapájaros sabe que algo no funciona, observa el mundo de una manera diferente y está convencido de que los demás poseen una capacidad que a él le falta. Sin embargo, a medida que avanza la historia, el espectador descubre que es capaz de razonar, resolver problemas, improvisar y ayudar a sus compañeros mucho antes de que el Mago le entregue cualquier símbolo de inteligencia. Ese recorrido interior era el que Michael quería representar y comenzó a construirlo desde el cuerpo.

Aprender a movese como alquien que no sabe caminar

Michael Jackson era ya un bailarín extraordinario cuando llegó a The Wiz. Precisamente por eso interpretar al Espantapájaros representaba un desafío particular: debía olvidarse, al menos en apariencia, de la precisión física que lo caracterizaba y convertirse en una criatura hecha de tela, papeles y desperdicios que parecía incapaz de controlar completamente sus extremidades.

El coreógrafo Louis Johnson recordaría que Michael llegaba al trabajo cargado de referencias. Estudiaba a Charlie Chaplin, Fred Astaire y Gene Kelly, absorbía movimientos de los grandes maestros del cine y después los transformaba. No se limitaba a repetir los pasos que recibía: proponía ideas, experimentaba con ellas y encontraba maneras de incorporarlas al personaje.

Michael ya estaba observando cine con la misma intensidad con la que escuchaba música. Veía grabaciones de Fred Astaire y otros grandes intérpretes del musical cinematográfico, era admirador de West Side Story y prestaba atención a la manera en que un bailarín podía contar una historia frente a una cámara. También recibió durante aquellos años consejos sobre actuación de figuras como Sidney Poitier y Ryan O’Neal.

El resultado puede verse desde su primera aparición. El Espantapájaros se dobla, tropieza, cae, rebota, se retuerce y parece estar permanentemente a punto de perder el equilibrio, pero detrás de aquella aparente torpeza existe una enorme precisión. Michael debía conseguir que un bailarín excepcional pareciera un cuerpo que todavía estaba aprendiendo a gobernarse. Años antes de que el mundo identificara inmediatamente una silueta, un movimiento de pies o una inclinación de Michael Jackson, The Wiz ya permitía observar algo que sería esencial en toda su obra posterior: su capacidad para contar un personaje a través del movimiento.

Aquella búsqueda no terminaba cuando se apagaban las cámaras. Michael contó que en ocasiones continuaba ensayando movimientos del Espantapájaros cuando regresaba a su casa. Se miraba frente al espejo, bailaba como el personaje e incluso podía levantarse durante la noche para probar una nueva idea. No se limitaba a cumplir con un papel: estaba aprendiendo a actuar y a pensar corporalmente para una cámara.

Convertirse cada mañana en el Espantapájaros

Antes de poder actuar, bailar o cantar frente a las cámaras, Michael Jackson tenía que desaparecer debajo de su personaje. Cada jornada comenzaba con una larga transformación que ocultaba al joven de 19 años detrás de una enorme peluca rizada, un sombrero deformado, grandes zapatos, prendas rellenas de periódicos y desperdicios y un maquillaje diseñado para convertir su rostro en el del Espantapájaros.

El responsable del diseño de producción y del vestuario de The Wiz fue Tony Walton, uno de los grandes nombres del diseño teatral y cinematográfico de su generación. El maquillaje especial estuvo a cargo de Stan Winston, quien años después se convertiría en una figura legendaria de Hollywood gracias a películas como Terminator, Aliens y Jurassic Park. En el amplio equipo de maquillaje participaron además profesionales como Michael R. Thomas, Robert Laden y Carl Fullerton.

Todo debía responder a la lógica particular del universo concebido para la película. A diferencia del Espantapájaros tradicional construido con paja, el personaje de Michael pertenecía a una ciudad moderna. Su cuerpo parecía compuesto por los residuos que Nueva York podía abandonar a su paso: retazos, periódicos, telas, bolsas y papeles sobresaliendo de sus ropas. Era un Espantapájaros nacido de la calle.

El vestuario no facilitaba la tarea. Era voluminoso, caluroso y deliberadamente incómodo. Los enormes zapatos contribuían a la sensación de inestabilidad que debía transmitir el personaje, mientras la peluca, el sombrero y las capas de ropa modificaban por completo la silueta de un bailarín acostumbrado a controlar cada centímetro de su cuerpo. Michael terminó convirtiendo esas limitaciones en parte de su interpretación.

Las fuentes contemporáneas y sus recuerdos posteriores no coinciden exactamente sobre cuánto tiempo requería diariamente aquella transformación. Algunas publicaciones de 1978 y 1979 hablaron de aproximadamente tres horas de preparación, mientras que Michael recordaría años después en Moonwalk que el proceso podía prolongarse hasta unas cinco horas. Ambas referencias describen una misma realidad: Michael comenzaba a trabajar varias horas antes de aparecer frente a una cámara y debía permanecer gran parte de la jornada dentro de un personaje físicamente exigente.

Quincy Jones recordaría especialmente esa disciplina. Cuando otros integrantes de la producción llegaban al estudio para comenzar su trabajo, Michael podía llevar horas sometido a maquillaje, vestuario y preparación. Y cuando finalmente llegaba el momento de filmar conservaba la concentración necesaria para cantar, bailar, actuar y repetir las tomas tantas veces como Sidney Lumet considerara necesario.

Michael estaba descubriendo que hacer cine podía resultar mucho menos glamoroso de lo que parecía desde una butaca, pero precisamente esa complejidad lo fascinaba. Tanto, que después conservaría como recuerdo la enorme peluca del Espantapájaros, una pequeña pieza de aquel personaje que durante meses había ocupado prácticamente todos sus días.

Uno joven en una superproducción

Michael se trasladó a Nueva York mucho antes de que comenzara oficialmente la fotografía principal. En agosto de 1977 hablaba ya de permanecer aproximadamente seis meses en la ciudad y de vivir allí acompañado por su hermana LaToya.

Ese dato permite resolver una aparente contradicción que se repetiría durante años. La fotografía principal de The Wiz comenzó el 3 de octubre de 1977 y terminó a finales de diciembre, unas trece semanas de rodaje. Michael, sin embargo, recordaría posteriormente que el proyecto había absorbido alrededor de siete meses de su vida profesional.

Las dos cosas son compatibles. Antes de que las cámaras comenzaran a rodar hubo semanas de preparación, ensayos, pregrabaciones musicales, pruebas de vestuario, maquillaje, coreografía y trabajo previo. Para Michael, The Wiz no fueron solamente tres meses frente a una cámara: fue prácticamente una temporada completa de su vida instalada en Nueva York y dedicada a aprender un oficio nuevo.

El 28 de septiembre de 1977, cinco días antes del comienzo oficial de la fotografía principal, Michael fue presentado ante la prensa en Astoria Studios junto a Diana Ross, Ted Ross, Nipsey Russell y otros integrantes del proyecto. Las fotografías de aquella conferencia muestran a un Michael de 19 años sentado detrás de un cartel que llevaba simplemente su nombre.

La imagen resulta significativa cuando se observa desde el presente. Durante prácticamente toda su vida pública había aparecido integrado a una familia y a un grupo. Ahora estaba allí como Michael Jackson, actor contratado para uno de los papeles principales de una producción de Hollywood.

Pocos días después comenzaría a filmar y, mientras se convertía diariamente en el Espantapájaros, sus hermanos continuaban desarrollando la carrera de The Jacksons. El grupo acababa de lanzar Goin’ Places y atravesaba una etapa en la que buscaba cada vez mayor autonomía artística. Michael vivía así dos historias paralelas: por un lado seguía siendo parte fundamental de sus hermanos; por otro comenzaba a descubrir qué podía hacer cuando un proyecto dependía específicamente de él.

La industria musical reflejaba aquella dualidad. En octubre de 1977, en pleno rodaje, una celebración en Studio 54 vinculó públicamente a The Jacksons y Goin’ Places con el nuevo papel cinematográfico de Michael. Era casi una fotografía perfecta de su momento profesional: seguía perteneciendo al grupo mientras comenzaba a ocupar individualmente otro escenario.

La prensa contemporánea también empezó a percibir esa transformación. Durante una visita a Michael en Nueva York en 1977, el periodista Joe McEwen observó que aquel joven se encontraba en un momento especialmente difícil y fascinante: ya era demasiado grande para continuar siendo eternamente el niño de “ABC”, pero todavía estaba definiendo de qué manera se presentaría ante el mundo como artista adulto. Esa transformación convirtió a The Wiz en un puente, no porque la película modificara instantáneamente su carrera, sino porque durante aquellos meses Michael comenzó a experimentar algo que hasta entonces había conocido sólo parcialmente: ser responsable de un personaje, trabajar para un director de cine, repetir escenas hasta encontrar el resultado buscado, compartir un set con actores experimentados y pensar su propio cuerpo no solamente como instrumento musical, sino también como herramienta dramática.

Diana Ross, de ídolo a compañera de rodaje

Si había alguien capaz de hacer que aquella experiencia resultara todavía más especial para Michael, era Diana Ross. Su relación venía de mucho antes de The Wiz. Para el niño que había llegado a Motown con sus hermanos, Diana había sido una de las figuras más deslumbrantes de la compañía. Había aparecido públicamente asociada al lanzamiento de los Jackson 5 y, con el paso de los años, la relación entre ambos había adquirido una cercanía que Michael siempre recordó con enorme afecto.

Ahora la situación era distinta. Ya no era el pequeño Michael observando desde abajo a una de las grandes estrellas de Motown: eran dos protagonistas de la misma película.

Diana interpretaba a Dorothy y Michael al Espantapájaros, de modo que buena parte de la historia los obligaba a trabajar juntos. Cuando Dorothy lo encuentra atrapado en lo alto de un poste y lo libera de los cuervos que lo atormentan, ambos comienzan el recorrido que irá incorporando posteriormente al Hombre de Hojalata y al León.

La relación entre Dorothy y el Espantapájaros exigía confianza, complicidad y una enorme coordinación física. Michael recordó la experiencia con Diana como algo extraordinario. En 1978 contó a Lisa Robinson que había aprendido muchísimo trabajando con ella y que Diana se había mostrado especialmente protectora durante el rodaje, preocupándose por saber si se encontraba bien y si necesitaba algo.

En medio de una producción gigantesca, lejos de su vida habitual en California y afrontando por primera vez las exigencias de un largometraje, aquella presencia familiar facilitaba su adaptación. Pero Michael también estaba observando cómo Diana trabajaba frente a las cámaras, cómo repetía una escena, cómo construía una interpretación y cómo respondía a las indicaciones de Lumet. Él mismo reconocería después cuánto había aprendido de ella, y esa experiencia se vuelve especialmente visible cuando ambos comienzan a bailar.

“Ease on down the road»: Michael empieza a caminar

Hay un momento en The Wiz que parece resumir perfectamente el ingreso de Michael al cine. Dorothy acaba de liberar al Espantapájaros. Él todavía no controla del todo sus piernas, cae, vuelve a levantarse y lentamente aprende a desplazarse. Entonces comienza “Ease on Down the Road”.

El número funciona dentro de la historia como una celebración del comienzo del viaje, pero visto desde la trayectoria de Michael adquiere otra dimensión: es uno de los primeros grandes números cinematográficos de su carrera. Ya no está sobre el escenario de un concierto con The Jacksons, sino bailando para una cámara, y ambas cosas no son iguales.

En un escenario, Michael podía controlar la energía de una actuación continua y sentir inmediatamente la respuesta del público. En una película, cada movimiento tenía que funcionar dentro de un encuadre determinado; una secuencia podía dividirse en numerosos planos y repetirse una y otra vez; la continuidad debía mantenerse entre tomas realizadas incluso en momentos diferentes.

Michael comenzó allí a descubrir una forma distinta de construir el espectáculo. La coreografía de Louis Johnson aprovechó precisamente el contraste entre Dorothy y aquel Espantapájaros que parecía estar descubriendo sus propias piernas. Michael transforma las caídas y los desequilibrios en danza y, poco a poco, la torpeza inicial comienza a desaparecer. El personaje aprende a caminar mientras Michael aprende a hacer cine, y a medida que avanza el Yellow Brick Road ambos parecen ganar seguridad.

La química entre Diana y Michael se convirtió en uno de los elementos más recordados de la película. La grabación de “Ease on Down the Road” fue además editada como sencillo y recibió una nominación al Grammy como interpretación R&B de dúo o grupo. De ese modo, una película que estaba permitiendo a Michael debutar como actor comenzaba simultáneamente a producir resultados dentro del terreno que mejor conocía: la música.

“You can´t win»: el Espantapájaros encuentra su voz

Si Ease on Down the Road mostraba a Michael aprendiendo a moverse dentro del lenguaje cinematográfico, “You Can’t Win” era su verdadera presentación individual. La escena aparece poco después de que Dorothy encuentra al Espantapájaros atrapado en lo alto de un poste, rodeado por cuervos que se burlan de él y repiten constantemente que no podrá hacer nada por sí mismo. La canción funciona casi como una extensión musical de aquello que Michael había comprendido del personaje: alguien atrapado no solamente físicamente, sino también dentro de la imagen que otros habían construido de él.

Michael debía contar todo aquello cantando, bailando y actuando al mismo tiempo. La canción procedía del universo teatral de The Wiz, aunque no había terminado ocupando ese lugar en la producción original de Broadway. Para la película fue recuperada y convertida en el gran número de presentación del Espantapájaros.

Michael la hizo completamente suya. Su voz todavía conserva rasgos del joven cantante que el público conocía desde los Jackson 5, pero ya aparece una interpretación más adulta, flexible y dramática. Michael utiliza la canción como actor: juega con las palabras, cambia la intensidad, responde a los cuervos y convierte cada frase en parte del comportamiento del personaje. No está simplemente interpretando una canción dentro de una película; está cantando como el Espantapájaros.

Ese matiz era importante porque Michael estaba aprendiendo una lección que años después sería esencial en sus propios short films: una canción podía ser mucho más que una interpretación musical. Podía convertirse en una escena, un personaje y una historia.

“You Can’t Win” terminó además teniendo vida fuera de la película. Fue editada como sencillo de Michael y quedó vinculada a esa breve etapa que separa al joven cantante de The Jacksons del artista que estaba a punto de comenzar Off the Wall. Incluso cuando ese nuevo álbum llegó al mercado británico en 1979, Epic todavía utilizó “You Can’t Win” dentro de su promoción mediante una edición especial vinculada a la canción. Era como si el Espantapájaros todavía acompañara a Michael mientras comenzaba su siguiente transformación.

Cuando New York se convirtió en Oz

Sidney Lumet tomó una decisión que definiría toda la película: no quería esconder Nueva York detrás de Oz, sino que Nueva York fuera Oz. El guion de Joel Schumacher abandonó Kansas y convirtió a Dorothy en una maestra de Harlem. A partir de allí, la ciudad comenzó a transformarse ante la cámara en una geografía fantástica, reconocible y extraña al mismo tiempo. Para Michael aquello significó filmar en algunos de los lugares más emblemáticos de Nueva York mientras enormes equipos técnicos intentaban convertirlos en escenarios pertenecientes a otro mundo.

El New York State Pavilion de Flushing Meadows, construido para la Feria Mundial de 1964, se transformó en parte del universo de los Munchkins y Graffiti City. Coney Island y los alrededores del Cyclone fueron utilizados durante el encuentro con el Hombre de Hojalata. Puentes, calles, estadios y estaciones de metro quedaron cubiertos o modificados para continuar el Yellow Brick Road, mientras el World Trade Center, todavía relativamente nuevo dentro del paisaje de Manhattan, se convirtió en la espectacular Ciudad Esmeralda.

Michael había visto The Wiz varias veces desde una butaca de Broadway. Ahora caminaba literalmente dentro de él.

La magnitud de algunas secuencias era extraordinaria. El coreógrafo Louis Johnson recordó haber comenzado trabajando con unos cuarenta bailarines; después fueron ochenta, luego doscientos y finalmente tantos que determinadas escenas tuvieron que ensayarse por grupos porque no siempre existía un espacio suficientemente grande para reunirlos a todos.

La secuencia de Emerald City llevó esa escala todavía más lejos. La población de la ciudad fantástica cambiaba de color siguiendo las órdenes del Mago: primero verde, después rojo y finalmente dorado, lo que obligaba a repetir partes enteras del número con distintas combinaciones de vestuario.

Cientos de bailarines, modelos, técnicos, asistentes, diseñadores, maquilladores y miembros del equipo ocupaban la plaza del World Trade Center mientras las cámaras intentaban capturar aquel espectáculo. Para construir la estética de la Ciudad Esmeralda, Tony Walton recurrió además a algunos de los nombres más importantes de la moda neoyorquina. Diseñadores como Halston, Oscar de la Renta, Bill Blass, Ralph Lauren, Stephen Burrows, Norma Kamali y Mary McFadden, entre otros, participaron aportando prendas, materiales o diseños a una secuencia concebida casi como un gigantesco desfile de moda fantástico.

Michael, que algunos años después convertiría el vestuario en una parte inseparable de su propia identidad artística, se encontraba allí rodeado por un mundo donde música, danza, moda, escenografía, iluminación y cine debían funcionar simultáneamente. The Wiz era una verdadera escuela de espectáculo total.

Astoria: el otro hogar de Michael

Buena parte de esa escuela funcionaba dentro de Astoria Studios, en Queens. Los estudios tenían una larga historia cinematográfica que remontaba sus orígenes a la década de 1920, pero atravesaban un período de decadencia cuando The Wiz llegó allí. La gran producción ayudó a demostrar que Nueva York todavía podía albergar proyectos cinematográficos de enorme escala.

Para Michael, Astoria se convirtió durante aquellos meses en una especie de segundo hogar. Allí se construyeron interiores, se ensayaron números musicales y se filmaron diferentes secuencias que no podían realizarse en las calles. El estudio permitía controlar iluminación, decorados y efectos de una manera imposible en exteriores.

Michael pasaba entonces de un extremo a otro de Nueva York. Un día podía encontrarse dentro de un enorme estudio rodeado de decorados, al siguiente bajo las torres del World Trade Center, después en Coney Island y luego en el metro. Y siempre dentro del traje del Espantapájaros. La ciudad completa parecía haberse convertido en su set cinematográfico.

Aquella movilidad formaba también parte de su aprendizaje. Hasta entonces Michael estaba acostumbrado a recorrer ciudades para ofrecer conciertos; ahora debía aprender a mirarlas de otra manera, como espacios que podían transformarse mediante la cámara, el diseño, la luz y el montaje.

Un camino amarillo de millones

La escala de The Wiz también podía medirse en detalles aparentemente desmesurados. Para construir el Yellow Brick Road utilizado a lo largo de numerosas localizaciones, la producción necesitó enormes cantidades de material amarillo que debía colocarse sobre calles, puentes y superficies urbanas.

Las notas de producción de la época calcularon en aproximadamente 237.000 dólares el costo asociado al camino amarillo. La cifra se convirtió en una de las anécdotas preferidas de la prensa porque parecía resumir perfectamente la magnitud de la película.

Pero aquel camino también cumplía una función esencial: permitía unir espacios completamente diferentes de Nueva York y hacer creer al espectador que todos formaban parte del mismo viaje. Michael y sus compañeros podían abandonar una localización y reaparecer kilómetros más lejos; el amarillo mantenía unido aquel Oz fragmentado.

Una de esas localizaciones adquiriría años después un significado completamente inesperado en la carrera de Michael. Parte de las escenas del metro se filmaron en la estación Hoyt–Schermerhorn Streets, en Brooklyn. En 1977 era simplemente otro de los escenarios de The Wiz. Una década más tarde, Michael regresaría al mismo lugar acompañado por Martin Scorsese para filmar buena parte del short film de “Bad”.

El joven Espantapájaros y el Michael vestido de negro de Bad caminaron, separados por diez años, por la misma estación. Nadie podía imaginarlo todavía.

Una produccion que crecía sin detenerse

Mientras Michael aprendía el lenguaje del cine, el costo de la película crecía a un ritmo alarmante. The Wiz había comenzado con estimaciones considerablemente inferiores. Durante el desarrollo y los primeros meses de producción circularon presupuestos que rondaban los diez o catorce millones de dólares, pero filmar una fantasía musical de aquella escala en Nueva York resultaba extremadamente caro.

Había cientos de bailarines, miles de piezas de vestuario, grandes decorados, efectos especiales, permisos, cierres de calles, localizaciones, extensos equipos técnicos y secuencias que debían repetirse varias veces. El presupuesto siguió aumentando hasta que Sidney Lumet situó finalmente el costo directo de producción en aproximadamente 23,4 millones de dólares, sin incluir determinados gastos generales de Universal. De allí surge la cifra cercana a 24 millones que suele utilizarse para describir el presupuesto final.

Para la época era una cantidad extraordinaria. La prensa comenzó a presentar The Wiz como una de las producciones musicales más caras realizadas hasta ese momento y, ciertamente, como una de las películas más ambiciosas filmadas íntegramente en Nueva York.

Michael estaba en el centro de aquella maquinaria. Sin embargo, cuando habló de la experiencia después no fueron los millones, los decorados gigantescos ni las dificultades de producción aquello que más recordaría. Recordaba a las personas, a Diana, a Sidney Lumet, las horas de maquillaje, la sensación de entrar cada mañana en un estudio y descubrir cómo se construía una película y, especialmente, a un hombre con quien estaba empezando a desarrollar una relación artística que cambiaría su vida: Quincy Jones.

Quincy Jones entra en la historia

La música de The Wiz estaba en manos de un músico al que Michael ya admiraba. Quincy Jones llevaba décadas trabajando como instrumentista, arreglador, compositor y productor. Había colaborado con Frank Sinatra, Ray Charles, Count Basie, Sarah Vaughan y numerosas figuras del jazz y de la música popular, además de construir una importante trayectoria en bandas sonoras para cine y televisión.

Para The Wiz asumió una tarea gigantesca: adaptar el material musical de Charlie Smalls a una superproducción cinematográfica, supervisar las grabaciones y coordinar una maquinaria integrada por centenares de músicos, cantantes, arregladores, copistas y técnicos. Quincy describió el proyecto como una producción que llegó a involucrar alrededor de 300 músicos y más de cien cantantes, además de directores, orquestadores y equipos especializados.

Michael estaba entrando por primera vez en un mundo musical diferente al que conocía con sus hermanos. Había grandes orquestas, partituras cinematográficas, grabaciones realizadas pensando simultáneamente en una película y en un álbum y música que debía ajustarse exactamente a coreografías, diálogos, movimientos de cámara y montaje.

Michael conocía el nombre de Quincy mucho antes de comenzar el rodaje y se había mostrado entusiasmado desde 1977 al enterarse de que trabajaría con él. Ambos incluso habían sido presentados personalmente años antes, cuando Michael todavía era un niño. Por eso sería incorrecto afirmar que se vieron por primera vez durante The Wiz. Una presentación social, sin embargo, no es lo mismo que trabajar juntos y fue durante The Wiz cuando Michael y Quincy comenzaron realmente a conocerse como artistas.

Durante meses Quincy pudo observar algo que hasta entonces sólo conocía desde afuera: cómo trabajaba Michael. Lo veía llegar preparado, aprender las coreografías, enfrentarse durante horas al maquillaje, cantar, actuar y prestar atención a cada aspecto de la producción. Y, sobre todo, descubrió algo que recordaría durante décadas: Michael no aprendía solamente aquello que le correspondía, sino que intentaba aprenderlo todo. Conocía sus diálogos, pero también buena parte de las líneas de los demás actores; sabía las canciones, observaba las coreografías ajenas y prestaba atención a lo que ocurría alrededor.

Para Quincy aquella capacidad de concentración era extraordinaria. En 1978, cuando la película todavía estaba reciente, llegó a elogiar públicamente a Michael como si hubiera visto trabajar a un actor con décadas de experiencia. Michael tenía veinte años.

La historia de Sócrates

Entre todas las anécdotas surgidas durante The Wiz, ninguna terminó siendo tan repetida como una pequeña conversación relacionada con el filósofo Sócrates. El Espantapájaros lleva entre sus ropas papeles y fragmentos de textos que los cuervos han utilizado para rellenarlo. En determinados momentos extrae algunos y lee pensamientos atribuidos a grandes figuras de la historia. Durante los ensayos, Michael pronunció incorrectamente en inglés el nombre de Sócrates y Quincy lo corrigió.

La escena era mínima, pero Michael la recordaría años después porque fue una de las ocasiones en que comenzó realmente a conversar con él. A partir de aquella corrección surgieron otras conversaciones. Hablaron de música, compositores, arreglos, artistas y estudios de grabación.

Michael descubrió que podía preguntarle prácticamente cualquier cosa relacionada con música y Quincy parecía conocer la respuesta. Quincy, por su parte, descubría que aquel joven al que había conocido años antes como niño prodigio se había convertido en un artista enormemente curioso.

La historia de Sócrates terminó adquiriendo casi carácter legendario porque permitía resumir en una pequeña escena algo mucho mayor. Sin embargo, sería un error afirmar que una pronunciación equivocada condujo automáticamente a Off the Wall. La relación se construyó durante meses de trabajo compartido; Sócrates fue apenas una puerta.

Michael observa a Quincy

Michael no estaba buscando todavía al productor de su próximo álbum mientras filmaba The Wiz. Estaba haciendo una película, pero mientras trabajaba comenzó a prestar atención a la manera en que Quincy resolvía problemas. Lo veía coordinar músicos, elegir sonidos, modificar arreglos, trabajar con voces y pensar una canción no solamente como melodía, sino como una arquitectura completa.

Michael siempre había sido extremadamente observador y The Wiz le permitió mirar desde muy cerca a alguien que dominaba ámbitos de la música que él deseaba comprender mejor. La admiración comenzó a convertirse en confianza.

Y esto ocurría precisamente en un momento en que Michael buscaba mayor independencia creativa. The Jacksons habían dejado atrás Motown y estaban intentando participar mucho más activamente en la escritura y producción de sus propias canciones. Michael también comenzaba a imaginar qué clase de artista quería ser cuando pudiera controlar plenamente un proyecto individual.

Quincy apareció en ese momento, no como alguien impuesto por una compañía discográfica, sino como un profesional al que Michael había observado trabajar durante meses. La experiencia cinematográfica estaba enseñándole actuación, movimiento y lenguaje visual, pero al mismo tiempo estaba poniéndolo frente a una nueva manera de entender la producción musical. Esa combinación ayudaría a convertir The Wiz en uno de los cruces más importantes de su juventud artística.

De The Wiz a Off The Wall

Cuando terminó The Wiz, Michael regresó a su actividad musical con The Jacksons. Llegaría Destiny, un álbum fundamental porque permitió al grupo asumir una participación mucho mayor en la composición y producción de su propia música. Michael escribió junto a sus hermanos, grabó, salió de gira y continuó desarrollándose como artista, pero paralelamente comenzó a pensar en un nuevo disco solista.

Ya había publicado álbumes como solista durante sus años en Motown, pero aquello sería diferente. Ahora quería realizar un álbum adulto que no fuese percibido simplemente como una extensión del niño que había cantado “Ben” o de la estrella infantil de los Jackson 5. Quería comenzar otra etapa.

Y cuando llegó el momento de buscar a alguien capaz de producirla, Michael pensó en Quincy Jones. La relación construida durante The Wiz había dejado una confianza que podía trasladarse al estudio de grabación. Michael le preguntó qué productor podía recomendarle y Quincy terminó proponiéndose a sí mismo.

La decisión no fue recibida inicialmente con entusiasmo por todos. Dentro de la industria existía la idea de que Quincy estaba demasiado identificado con el jazz y las bandas sonoras cinematográficas como para producir el tipo de álbum pop que Michael necesitaba. Michael insistió porque había trabajado con él y sabía lo que podía hacer.

En 1979 apareció Off the Wall. El álbum transformó completamente la carrera adulta de Michael Jackson y abrió una sociedad artística que después continuaría con Thriller y Bad.

Por eso The Wiz ocupa un lugar extraordinario dentro de su historia. La película no produjo Off the Wall ni fue una simple antesala calculada, pero creó el espacio donde Michael Jackson y Quincy Jones pudieron observarse trabajando durante meses y descubrir que hablaban un lenguaje artístico compatible. Sin aquella experiencia compartida, la historia posterior podría haber sido muy diferente.

Una experiencia que Michael no quería terminar

Cuando terminó el rodaje, Michael no salió de The Wiz pensando que había probado el cine y que podía regresar definitivamente a la música. Ocurrió exactamente lo contrario: quería hacer más películas.

En las entrevistas concedidas durante 1978 y 1979 se mostró entusiasmado con la posibilidad de continuar actuando. En 1980, incluso después de que Off the Wall hubiera transformado su carrera discográfica, seguía describiendo The Wiz como una de las experiencias más importantes que había vivido.

Su fascinación tenía una razón muy concreta. Michael estaba acostumbrado al escenario y sabía que un concierto podía ser extraordinario, pero también que desaparecía en el mismo momento en que terminaba. El público que había estado allí conservaba el recuerdo; el cine, en cambio, podía atrapar una actuación y conservarla.

Michael solía poner como ejemplo a Charlie Chaplin. Chaplin podía haber desaparecido físicamente, pero bastaba proyectar una película para volver a verlo caminar, mirar, moverse y provocar una emoción. Aquella idea fascinaba a Michael: una cámara podía convertir una actuación en algo permanente.

También estaba comenzando a comprender que el cine reunía muchas de las disciplinas que más lo atraían. Música, movimiento, vestuario, maquillaje, iluminación, escenografía, fotografía, montaje y actuación podían combinarse dentro de una sola obra. Años después, cuando sus propios short films alcanzaran una sofisticación cinematográfica cada vez mayor, aquella fascinación resultaría evidente, pero en 1978 todo eso estaba apenas comenzando.

Hollywood quería volver a verlo

La industria también tomó nota. Aunque The Wiz tuvo dificultades comerciales y recibió críticas profundamente divididas, la interpretación de Michael fue señalada repetidamente como uno de sus puntos fuertes y las propuestas comenzaron a llegar.

Apenas un mes después del estreno estadounidense, People informaba que Michael estaba vinculado a conversaciones para protagonizar una película sobre el legendario bailarín Bill “Bojangles” Robinson. El proyecto continuaría apareciendo posteriormente entre las posibilidades cinematográficas asociadas a su nombre.

No sería la única. Durante los años siguientes Michael mencionó una adaptación de A Chorus Line, entonces relacionada con Sidney Lumet; un proyecto musical denominado Summer Stock; la película sobre Bill Robinson y una posible producción relacionada con Charlie Chaplin, figura que admiraba profundamente.

Ninguno de aquellos proyectos terminó convirtiéndose en su siguiente gran largometraje, pero su existencia demuestra algo importante: Hollywood no vio su Espantapájaros como una anomalía. Existía interés en continuar desarrollándolo como actor y Michael también quería hacerlo. Durante un breve período pareció perfectamente posible que desarrollara en paralelo una importante carrera cinematográfica, pero precisamente en ese momento su carrera musical estaba a punto de alcanzar una dimensión completamente nueva.

Michael premiado como actor

El reconocimiento más concreto a su trabajo llegaría poco después. En los NAACP Image Awards, The Wiz obtuvo un importante conjunto de premios dentro de las categorías cinematográficas y Michael Jackson recibió el galardón como Outstanding Actor in a Motion Picture por su interpretación del Espantapájaros.

Es un dato especialmente importante dentro de su trayectoria porque, con el paso de los años, The Wiz sería recordada principalmente como una curiosidad dentro de una carrera dominada por la música. Pero Michael no había sido simplemente “el cantante que apareció en una película”: había sido reconocido formalmente por su actuación.

Tenía apenas veinte años cuando se estrenó The Wiz y poco más de veintiuno cuando recibió aquel reconocimiento. El mismo joven que había llegado al rodaje preguntándose cómo sería trabajar frente a una cámara salía de la experiencia con un premio como actor y nuevas propuestas de Hollywood.

Aquella distinción confirma además que su trabajo no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de lo que Michael llegaría a ser después. En el momento mismo en que interpretó al Espantapájaros, su actuación ya estaba siendo reconocida como un logro independiente.

Una película discutida

The Wiz fue estrenada en Estados Unidos en 1978 rodeada de enormes expectativas. El presupuesto había crecido hasta convertirla en una producción extraordinariamente costosa. Diana Ross era una estrella internacional, Richard Pryor estaba entre los grandes nombres de la comedia estadounidense y Sidney Lumet era uno de los directores más prestigiosos del momento. Todo parecía preparado para un gran acontecimiento, pero la respuesta fue mucho más compleja.

La película tuvo un rendimiento comercial decepcionante en relación con su enorme presupuesto y las críticas estuvieron profundamente divididas. Algunos periodistas consideraron excesiva su duración; otros cuestionaron la decisión de convertir a Dorothy en una mujer adulta y también hubo críticas hacia la escala de la producción, su ritmo y la transformación de Nueva York en Oz.

Sin embargo, incluso dentro de varias reseñas muy severas apareció una excepción recurrente: Michael Jackson. Pauline Kael, desde The New Yorker, fue muy crítica con buena parte de la película, pero encontró en Michael una juventud y una inocencia que beneficiaban al Espantapájaros. Otros críticos destacaron su energía, naturalidad y, especialmente, su trabajo musical.

La prensa afroamericana observó The Wiz desde una perspectiva diferente. Publicaciones como JET y Ebony dedicaron un espacio importante a una producción que colocaba a un reparto negro en el centro de una fantasía cinematográfica de una escala que Hollywood rara vez había concedido a artistas afroamericanos.

Ese contraste resulta importante para comprender la recepción histórica de la película. No existió una única reacción crítica y tampoco puede reconstruirse su impacto únicamente mediante las cifras de taquilla. Para buena parte del público afroamericano, ver a figuras negras protagonizando un espectáculo fantástico de dimensiones hollywoodenses tenía un valor cultural que no siempre aparecía reflejado en las reseñas de la prensa generalista.

Por eso reducir hoy su historia a la sentencia “The Wiz fue un fracaso” resulta demasiado simple. Comercialmente fue una decepción para sus dimensiones y costo; críticamente dividió profundamente las opiniones, pero con el paso de los años se convirtió en una película de culto, sobrevivió culturalmente mucho más allá de su primera explotación y terminó siendo reevaluada como una producción singular dentro de la historia del musical afroamericano. Dentro de esa reconsideración, el Espantapájaros de Michael Jackson ocupa un lugar especial, porque incluso quienes discutieron la película tuvieron dificultades para ignorar al muchacho de 19 años escondido debajo de aquella enorme peluca.

El espantapájaros que Michael se llevó consigo

Años después, cuando Michael hablaba de The Wiz, rara vez lo hacía como si recordara un fracaso comercial. Recordaba una experiencia, una de las mejores de su vida. Recordaba la libertad de estar en Nueva York, las jornadas en Astoria, el maquillaje, las coreografías, a Diana Ross, a Sidney Lumet, a Quincy Jones y el descubrimiento de un mundo artístico nuevo.

También recordaba algo todavía más sencillo: había disfrutado interpretando al Espantapájaros. Por eso no sorprende que conservara su peluca como recuerdo.

Pero probablemente se llevó algo mucho más importante que una pieza de vestuario. Se llevó el conocimiento de que podía actuar, un premio que lo reconocía como actor, el deseo de regresar al cine, una nueva manera de pensar el movimiento frente a una cámara y una relación profesional con Quincy Jones que estaba a punto de cambiar su vida.

También se llevó una forma distinta de entender la permanencia de una obra. El escenario le había enseñado desde niño a dominar el presente; el cine comenzó a mostrarle que una actuación podía sobrevivir al instante en que había sido realizada.

Cuando Michael entró en Oz tenía 19 años y todavía estaba definiendo la forma que tendría su vida adulta. Cuando salió, el camino hacia Destiny y Off the Wall ya estaba frente a él y, como el propio Espantapájaros había aprendido durante el viaje, muchas de las cosas que estaba buscando quizá habían estado dentro suyo desde el principio.

Datos que no sabías de The Wiz

Detrás de los grandes decorados, las canciones y el largo camino amarillo, The Wiz dejó numerosas pequeñas historias que ayudan a comprender lo que aquella película significó para Michael Jackson. Algunas ocurrieron durante el rodaje y otras sólo adquirieron un significado especial muchos años después.

Michael ya era fan de The Wiz antes de convertirse en el Espantapájaros. En febrero de 1977, varios meses antes de comenzar a trabajar en la película, contó a Lisa Robinson que ya había visto el musical de Broadway tres veces y que pensaba permanecer un día más en Nueva York para volver a verlo. Cuando recibió la propuesta cinematográfica conocía, por lo tanto, perfectamente aquel universo.

Siempre había querido que su primera película fuera un musical. Durante aquellos meses explicó que deseaba que su debut cinematográfico se produjera precisamente dentro de ese género. The Wiz reunía así dos de sus grandes intereses: actuación y música.

Según el propio Michael, no tuvo que realizar una audición convencional. En agosto de 1977 explicó que desde la oficina de los Jackson le comunicaron que Sidney Lumet quería contar con él como Espantapájaros. Durante las etapas preliminares pudieron haberse considerado otros nombres, pero cuando la propuesta llegó a Michael el director ya estaba dispuesto a incorporarlo.

Tenía solamente 19 años cuando comenzó a filmar. Michael había cumplido esa edad poco más de un mes antes de que comenzara la fotografía principal, el 3 de octubre de 1977. Cuando la película llegó a los cines estadounidenses en octubre de 1978 ya tenía 20.

El proyecto ocupó mucho más tiempo de su vida que las trece semanas de rodaje. La fotografía principal duró aproximadamente tres meses, pero Michael habló posteriormente de seis o siete meses dedicados a The Wiz. Ensayos, grabaciones musicales, preparación, vestuario y otras obligaciones comenzaron mucho antes de que las cámaras empezaran a filmar.

Michael estudiaba cine musical mientras hacía cine musical. Veía repetidamente películas y actuaciones de Fred Astaire y otros grandes bailarines cinematográficos y era un admirador declarado de West Side Story. Esa fascinación por el musical filmado seguiría apareciendo muchos años después dentro de sus propios short films.

Sidney Poitier y Ryan O’Neal le dieron consejos sobre actuación. Michael contó en 1978 que ambos habían hablado con él acerca del trabajo interpretativo y que sus orientaciones le habían resultado útiles durante aquella etapa en la que comenzaba a descubrir el oficio cinematográfico.

No dejaba al Espantapájaros en el estudio. Michael continuaba practicando movimientos del personaje fuera del set, podía observarse frente al espejo y hasta levantarse durante la noche para probar una nueva idea. El personaje se había convertido en un trabajo permanente.

Conservó la peluca del Espantapájaros. Después de tantas horas invertidas diariamente en transformarse, Michael decidió conservar como recuerdo una de las piezas más reconocibles de su personaje.

Michael ya había conocido a Quincy Jones antes de The Wiz. Ambos habían sido presentados cuando Michael todavía era un niño. Lo verdaderamente decisivo sucedió durante la película, donde comenzaron a conocerse profesionalmente y nació la relación artística que después produciría Off the Wall, Thriller y Bad.

Una equivocación con Sócrates ayudó a romper el hielo entre Michael y Quincy. Mientras ensayaba una escena, Michael pronunció incorrectamente en inglés el nombre del filósofo. Quincy lo corrigió y aquella pequeña conversación quedó en la memoria de Michael como uno de los momentos en que comenzó realmente a acercarse a él.

Michael filmó The Wiz y Bad en la misma estación de Nueva York. Parte de la secuencia del metro fue realizada en Hoyt–Schermerhorn Streets, en Brooklyn. Casi diez años después regresó a esa misma estación para filmar con Martin Scorsese buena parte del short film de “Bad”. Dos etapas completamente diferentes de Michael quedaron así unidas por el mismo escenario.

En pleno rodaje, Studio 54 celebró a Michael y The Jacksons. El 24 de octubre de 1977 se realizó una fiesta vinculada también al lanzamiento de Goin’ Places. El episodio resume perfectamente aquel momento de su vida: Michael continuaba formando parte esencial de The Jacksons mientras comenzaba simultáneamente a desarrollar una identidad individual dentro del cine.

The Wiz acompañó incluso el nacimiento de Off the Wall. Cuando el álbum comenzó a promocionarse en Gran Bretaña en 1979, Epic todavía aprovechó la conexión cinematográfica de Michael utilizando “You Can’t Win” dentro de parte de la campaña inicial. De alguna manera, el Michael que abandonaba Oz seguía acompañando al artista que comenzaba una nueva etapa discográfica.

Hollywood quiso volver a verlo actuar. Después de The Wiz, Michael recibió o discutió propuestas relacionadas con Bill “Bojangles” Robinson, A Chorus Line, Summer Stock y una posible producción vinculada a Charlie Chaplin, uno de los artistas cinematográficos que más admiraba.

Su actuación terminó siendo premiada. Michael obtuvo el NAACP Image Award como Outstanding Actor in a Motion Picture por su Espantapájaros, confirmando que The Wiz no fue simplemente una aparición cinematográfica dentro de su carrera musical, sino un trabajo por el que fue reconocido formalmente como actor.

La gran premiere de Nueva York tuvo su propio “Wiz Express”. Después de la presentación del 24 de octubre de 1978, invitados y protagonistas fueron trasladados hacia la celebración organizada en el World Trade Center. Existen fotografías de Michael viajando durante aquel recorrido junto a Joan Mondale, esposa del entonces vicepresidente de Estados Unidos.

En la promoción internacional Michael terminó convertido en uno de los dos grandes nombres de la película. Durante la campaña de 1979, la prensa profesional llegó a presentar The Wiz directamente asociada a Diana Ross y Michael Jackson. Para un joven que poco tiempo antes seguía siendo identificado principalmente como integrante de The Jacksons, aquella jerarquía promocional mostraba cuánto había cambiado su posición pública.

The Wiz terminó dejando así numerosas historias pequeñas alrededor de una experiencia enorme. Algunas quedaron como simples recuerdos del rodaje y otras, vistas décadas después, parecen anticipar caminos que Michael todavía no sabía que recorrería. Entre una estación de metro a la que regresaría para Bad, una relación con Quincy Jones que transformaría su música y un Espantapájaros cuya peluca decidió conservar, Oz siguió apareciendo de distintas formas a lo largo de su carrera.

Explorando la cultura negra y el vestuario en la película ‘The Wiz’ (1978) – simon-hartman.com

Tras el éxito del musical de Broadway de 1975 (PD: ganó «Mejor musical» y otros 6 premios Tony), el productor Rob Cohen y el director Sidney Lumet lanzaron un gran éxito de taquilla que resultó ser un clásico de culto. The Wiz (1978) contó con un elenco repleto de estrellas de íconos de la cultura pop negra, incluidos Michael Jackson, Diana Ross, Nipsey Russell, Ted Ross y Richard Pryor, entre otros.

Es ampliamente celebrada como una película que definió a una generación y cambió la cultura pop negra. Algunos lo ven como una de las primeras obras de arte cultural que inspiró las siguientes producciones negras. Cualquier persona negra que creció en los años 60 y 70 probablemente tenga buenos recuerdos de la primera vez que vio a Michael Jackson (Espantapájaros) y Diana Ross (Dorothy) saltando, bailando y cantando sus melodías.

En cierto modo, The Wiz (1978) transmite una narrativa de liberación racial y afrofuturismo al fusionar la tradición tradicional africana y la ciencia/fantasía. El hecho de que cambiaron la Kansas rural en la historia original de Baum por el Harlem contemporáneo, con los Winkies representando a la clase trabajadora en apuros en la ciudad urbanizada de Esmeralda, hace que la película sea identificable.

Para citar a Gertrude Gipson de Los Angeles Sentinel, “ Nunca había visto una producción tan colorida… fotografía impresionante, maquillaje increíble, disfraces llamativos , bailarines fantásticos y creativos, y la música conmovedora, versátil e innovadora de Quincy Jones. La película es uno de los mejores musicales que hemos visto en muchos años ”.

Revisitando a MJ en ‘The Wiz’: el único papel cinematográfico de Michael Jackson – Ronke Idowu Reeves – Vibe.com

El único papel cinematográfico de Michael Jackson en The Wiz (1978), de Sidney Lumet, es un placer cinematográfico excepcional.

En The Wiz , eres testigo de esa breve ventana de adulto joven en la vida y la carrera de Michael antes de convertirse en el sexy cantante de R&B, de smoking y con corbata en «Off The Wall» de 1979.

Jackson, el actor, entonces de 20 años, era natural; su interpretación suave y discreta de ‘El Espantapájaros’ es una revelación silenciosa. En cada escena, Michael exuda un asombro infantil, inocencia y alegría contagiosa. Por supuesto, en el canto y baile, tampoco defrauda. Es un placer escuchar la interpretación expresiva y de blues de Jackson de «You Can’t Win», porque en realidad puedes escuchar su voz bailando juguetonamente en cada sílaba de la letra mientras su tenor despreocupado se balancea y entra y sale de la melodía.

La actuación de Michael Jackson en The Wiz también te permite echar un vistazo a esos clásicos movimientos de baile de estilo libre y giros de botella de MJ antes de que se convirtieran en parte de un Moonwalk. Y es realmente un placer especial ver a Jackson superar discretamente a Louis Johnson Dance Company durante el final musical con todo el elenco de «A Brand New Day». Si no has notado nada de lo que he descrito,

definitivamente deberías volver a ver The Wiz.de nuevo para dar testimonio de ello. La única actuación cinematográfica protagonizada por Michael es una oportunidad única de experimentar nuestro genio hombre-niño en bruto y al borde.

Tal vez lo único irónico sobre Jackson en «The Wiz» es que, aunque es probablemente su momento más honesto y revelador capturado en una película, su rostro, está oculto durante los 133 minutos de duración de la película por el maquillador ganador del Premio de la Academia.

Entonces, aunque sentimos que realmente estamos viendo a Michael, en realidad nunca lo hacemos. Pero al final nunca importó. Los verdaderos fanáticos de Michael Jackson siempre podían mirar más allá de todas las máscaras teatrales y quirúrgicas, reales e imaginarias y ver a Michael, como realmente era: un artista consumado y un espíritu innovador. Su trabajo de toda la vida en discos, en innumerables conciertos y apariciones en televisión, en videos musicales y en su único papel cinematográfico, es una prueba innegable de su genio y arte atemporales. A diferencia de la vida de un ser humano, nunca morirá, pero como una fuerza ilimitada de energía creativa, continuará deslumbrando y, sí, ‘emocionando’ a las audiencias de las generaciones venideras-Ronke Idowu Reeves


MICHAEL JACKSON CUENTA SU EXPERIENCIA EN «EL MAGO» Y COMO CONOCIÓ A QUINCY JONES

De su Libro Caminante Lunar: «Recuerdo que, cuando era muchacho, «El Mago de Oz» se transmitía en televisión una vez al año y siempre un domingo por la noche. También había visto el musical de Broadway, y no constituyó ninguna desilusión. Juro que lo vi seis o siete veces. Más tarde me hice muy amigo de la estrella del espectáculo, Stephanie Mill, la Doroyhy de Broadway.

Motown compró los derechos de «El Mago» por una razón y, en lo que a mí respecta, fue la mejor razón posible: Diana Ross. Diana iba a interpretar a Dorothy y, dado que el suyo era el único papel que estaba seleccionado, me animó a realizar una audición. Fue Berry Gordy quien dijo que yo hiciera una audición para «El Mago». Me sentí muy afortunado de que pensara de aquella manera porque me mordía el gusanillo de actuar durante aquella experiencia. Me dije a mí mismo «esto es lo que me interesará hacer cuando tenga la oportunidad: esto es». Cuando haces una película estás captando algo impalpable y estás parando el tiempo. Las personas, sus representaciones, la historia, se convierten en una cosa que puede ser compartida por gente de todo el mundo durante generaciones y generaciones.

Hice una audición para el papel del espantapájaros porque pensaba que el personaje era el que encajaba mejor con mi estilo. Era demasiado robusto para el Hombre de lata y demasiado ligero para ser el León, así que tenía un objetivo definido e intenté prestar mucha atención a mi declamación y baile para este papel. Cuando volví a ser llamado por el director, Sidney Lumet, me sentí muy orgulloso, pero también un poco asustado. El proceso de hacer una película era nuevo para mí, e iba a tener que abandonar mis responsabilidades hacia mi familia y mi música durante meses. Había visitado Nueva York, donde estábamos filmando para conseguir el aire de Harlem que exigía la historia, pero nunca había vivido allí. Me sorprendió la rapidez con que me acostumbré al estilo de vida. Me encantó encontrar a un grupo de personas de las cuales había oído hablar en la otra costa, pero a los que nunca había visto.

Hacer «El Mago» constituyó una educación para mí en muchos sentidos. Como artista de discos me sentía ya como un viejo profesional, pero el mundo del cine era nuevo para mí. Observé con la máxima atención de que fui capaz y aprendí mucho. Estar en el equipo de «El Mago» era como estar en una gran escuela.

Mi cutis todavía era un problema durante la filmación de la película, de manera que me encontré disfrutando realmente del maquillaje que era asombroso. Hacerlo ocupaba cinco horas, seis días a la semana; no filmábamos en domingo.

Cuando estaba transformado en espantapájaros era la cosa más maravillosa del mundo. Conseguía ser otra persona y escapar de mi identidad. Siempre me había imaginado a mí mismo haciendo algo muy refinado en las películas, pero fue mi experiencia con el maquillaje, los trajes y los promotores de Nueva York, lo que me hizo caer en la cuenta de otro aspecto de lo maravilloso que podía ser hacer una película. Siempre me habían gustado las películas de Charles Chaplin y nadie le vio nunca haciendo nada abiertamente refinado en los días del cine mudo. Yo quería algo de la calidad de sus personajes en mi espantapájaros.

La película tenía números de baile maravillosos, muy complicados y no hubo problema en aprenderlos. Pero aquello, en sí mismo, se convirtió en un problema inesperado con los artistas que actuaban conmigo. Siempre, desde que era muy pequeño, he sido capaz de observar a alguien haciendo un paso de baile y saber de inmediato cómo hacerlo yo. Cuando estábamos haciendo «El Mago» aprendí la coreografía con los demás artistas: «El hombre de lata», «el león» y Diana Ross, y ellos se disgustaban conmigo. Yo no podía imaginarme lo que iba mal hasta que Diana me llevó aparte y me dijo que le estaba creando un problema. Yo me la quedé mirando fijamente. ¿Poniendo en un aprieto a Diana Ross?. ¿Yo?. Ella me dijo que sabía que yo no era consciente de ello, pero que estaba aprendiendo los bailes con demasiada rapidez. Era embarazoso para ella y para los demás, que simplemente no podían aprender los pasos en cuanto los veían hacer al coreógrafo. Dijo que él nos enseñaba algo y que yo salía y lo hacía. Cuando él les pedía a los otros que lo hicieran, a éstos les tomaba más tiempo aprenderlo. Nos reímos con esto, pero traté de disimular la facilidad con que aprendía.

Todo el período de «El Mago» fue un tiempo de stress y ansiedad, aunque estaba disfrutando. Así como me gustaba tanto el antiguo «Mago de Oz», el nuevo guión, que difería de la representación de Broadway en amplitud más que en espíritu, planteaba más cuestiones que la película original y las resolvía también. El ambiente de la película antigua era el de un reino mágico, como una especie de cuento de hadas. Nuestra película, por otra parte, tenía exteriores basados en realidades con las que los chicos podían identificarse, como patios de escuelas, estaciones del Metro y el vecindario auténtico de donde venía nuestra Dorothy. Me sigue gustando ver «El Mago» y revivir la experiencia. Me agrada sobre todo la escena donde Diana pregunta: «¿De qué tengo miedo? ¿Acaso no sé que estoy hecha de…?», porque me he sentido así en muchas ocasiones, incluso en los momentos buenos de mi vida. Diana canta acerca de la superación del miedo y caminar derecho con la cabeza erguida. El público sabe tan bien como ella que no la puede detener ninguna amenaza de peligro.

Mi personaje tenía mucho que decir y que aprender. Yo estaba enganchado en lo alto de mi poste con un grupo de cuervos que se reían de mí mientras yo cantaba «You Can’t Win». La canción versaba sobre humillación e impotencia -cosa que mucha gente ha sentido en un momento u otro-, y la sensación de que hay gente por ahí que si bien no te frena de forma activa, sí trabaja aprovechando tus inseguridades para que seas tú quien te frenes a ti mismo.

El guión era inteligente y me presentaba sacando de mi cuerpo de paja fragmentos de informaciones y citas, aunque no sabía en realidad cómo usarlas. La paja de que estaba hecho contenía todas las respuestas, pero yo no sabía las preguntas.

La gran diferencia entre las dos películas sobre «El Mago» estriba en que en el original Dorothy recibe todas las soluciones de la Bruja Buena y sus amigos de Oz, mientras que en nuestra versión Dorothy llega a sus propias conclusiones. Las canciones, la danza y las palabras de Diana se han grabado en mi memoria desde entonces. Fue una Dorothy perfecta. Después de la derrota de la Bruja Mala, triunfaba la alegría desatada de nuestro baile.

Bailar con Diana en aquella película era como una versión abreviada de mi propia historia. El caminar con las rodillas chocando y dando zancadas con los pies grandes era como en mis primeros tiempos, y nuestra danza encima de las mesas en la escena de la fábrica era tal como éramos ya entonces. Todo había evolucionado hacia delante y hacia lo alto.

«El Mago» me dio renovado entusiasmo y vigor. La cuestión consistía en qué hacer con ellos. ¿Cómo podría hacer el mejor uso de ellos? Mientras estaba preguntándome qué hacer a continuación, otro hombre y yo estábamos siguiendo caminos paralelos que convergían en el estudio de «El Mago». Estábamos en Brooklyn ensayando cierto día y leyéndonos mutuamente nuestros papeles en voz alta. Yo había creído que el aprenderse las frases era la cosa más difícil del mundo, pero quedé agradablemente sorprendido. Todo el mundo había sido amable, asegurándome que era más fácil de lo que yo pensaba. Y lo era.

Estábamos haciendo aquel día la escena de los cuervos. Los demás chicos ni siquiera enseñaban la cabeza en ella porque estaban vestidos de cuervo. Parecían conocerse sus papeles a la perfección. Yo había estudiado también el mío, pero no lo había dicho en voz alta más que una vez o dos. Las acotaciones me pedían que sacase una tira de papel de entre la paja y la leyese. Era una cita. El nombre del autor, «Sócrates», estaba escrito al final. Yo había leído la palabra «Sócrates» pero no la había pronunciado nunca, de modo que dije «Socreites», porque entendí que ésta era la forma en que se pronunciaba. Hubo un momento de silencio antes de que yo pudiera oír a alguien que susurraba: «Sócrates». Miré hacia aquel hombre al que conocía vagamente. No formaba parte de los actores, pero parecía ser de la casa. Me acuerdo de haber opinado que parecía tener mucha confianza en sí mismo y una cara amable. Sonreí, algo avergonzado por haber pronunciado mal el nombre, y le agradecí su ayuda. Su cara me era extremadamente familiar, y sentí de pronto la certeza de que nos habíamos visto antes. Él confirmó mis sospechas, y me tendió la mano: «Soy Quincy Jones -dijo-. Estoy escribiendo la partitura»

Fragmento del largometraje:

Dirección: Sidney Lumet
Guion cinematográfico: Joel Schumacher
Basada en: el musical The Wiz, con libreto de William F. Brown y música y letras de Charlie Smalls, inspirado a su vez en The Wonderful Wizard of Oz de L. Frank Baum
Producción: Rob Cohen
Producción ejecutiva: Ken Harper
Compañías productoras: Motown Productions / Universal Pictures
Distribución: Universal Pictures
Dirección de fotografía: Oswald Morris
Montaje: Dede Allen
Diseño de producción: Tony Walton
Dirección de arte: Philip Rosenberg
Decoración de sets: Edward Stewart y Robert Drumheller
Diseño de vestuario: Tony Walton
Música original: Charlie Smalls
Arreglos, supervisión musical, arreglos vocales y orquestación: Quincy Jones
Ingeniería de grabación musical: Bruce Swedien
Coreografía: Louis Johnson
Diseño de maquillaje especial: Stan Winston
Supervisión de maquillaje: Robert Laden
Maquillaje: Carl Fullerton, Michael R. Thomas, Scott Cunningham y Alan Weisinger
Efectos visuales especiales: Albert Whitlock
Rodaje principal: Nueva York, del 3 de octubre al 29 de diciembre de 1977.

Reparto principal

Diana Ross — Dorothy
Michael Jackson — Scarecrow / Espantapájaros
Nipsey Russell — Tinman / Hombre de Hojalata
Ted Ross — Lion / León
Richard Pryor — The Wiz / El Mago
Mabel King — Evillene
Lena Horne — Glinda, la Bruja Buena
Thelma Carpenter — Miss One
Theresa Merritt — Aunt Em / Tía Em
Stanley Greene — Uncle Henry / Tío Henry

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