
ARTE DE TAPA
Dirección de Arte del álbum: Nancy Donald, David Coleman y Adam Owett.
Diseño de la tapa: Steven Hankinson para Arnell Group.
Fotografía de: Albert Watson
Cuando Invincible llegó a las tiendas en octubre de 2001, su portada marcó una ruptura evidente con la historia visual de los álbumes anteriores de Michael Jackson. Atrás quedaban los pies danzantes de Off the Wall, la elegancia serena de Thriller, la actitud desafiante de Bad, el universo recargado y simbólico de Dangerous, la monumental estatua de HIStory y la composición pictórica de Blood on the Dance Floor. En Invincible desaparecieron el vestuario, el escenario, el cuerpo completo y los elementos narrativos que acompañaban al artista. Solo quedó el rostro de Michael Jackson, llevado a un primer plano extremo y transformado hasta situarse entre lo humano, lo escultórico y lo digital.

Los créditos originales permiten establecer con precisión las responsabilidades del proyecto. La dirección de arte estuvo a cargo de Nancy Donald, David Coleman y Adam Owett; Steven Hankinson realizó el diseño de la portada para Arnell Group; Albert Watson fue el fotógrafo; Karen Faye se ocupó del maquillaje y el cabello; y Uri Geller aportó la ilustración incorporada en el interior.
La cubierta no debe describirse como un dibujo basado en una fotografía. Es un retrato fotográfico de Albert Watson sometido a una profunda intervención gráfica.
El origen de una imagen metálica
La historia visual de la portada comenzó mucho antes de que Michael Jackson entrara al estudio de Albert Watson. En 1990, Watson había realizado en Nueva York una fotografía titulada Golden Boy. El modelo era un niño de cinco años que había participado en una campaña publicitaria para Gap. Impresionado por la estructura de su rostro, Watson pidió autorización para fotografiarlo nuevamente y decidió convertirlo visualmente en una figura metálica, semejante a una estatua.
Para conseguir aquel efecto, el fotógrafo cubrió al niño con un acabado de tonalidad bronce, utilizó una cámara de gran formato de 8 × 10 pulgadas y colocó su rostro aproximadamente a treinta centímetros del objetivo. La proximidad extrema de una lente estándar produjo una imagen ligeramente irreal, mientras la iluminación frontal y la mirada directa hacia la cámara acentuaron su carácter escultórico. La fotografía fue realizada en blanco y negro y parte de la apariencia metálica fue recuperada posteriormente durante el trabajo de laboratorio. El resultado no era simplemente el retrato de un niño pintado de dorado: era la transformación de una persona real en una presencia escultórica, frontal e intemporal.
Años después, aquella imagen se convirtió en una referencia decisiva para Michael. Su interés no parecía limitarse a reproducir una pose o un maquillaje determinado. Lo que Golden Boy ofrecía era la posibilidad de eliminar casi todo lo circunstancial —la ropa, el espacio, el movimiento y el contexto— para concentrar la fuerza visual en un rostro que parecía construido con metal. Michael, que ya había sido representado como una estatua monumental en HIStory, podía ahora trasladar esa condición escultórica directamente a su propia cara.


La relación profesional entre Michael y Watson, sin embargo, estuvo a punto de comenzar antes. El fotógrafo había viajado a Tokio con la intención de realizar las imágenes para Blood on the Dance Floor: HIStory in the Mix. El estudio y el set fueron preparados, pero Michael se encontraba enfermo, con un fuerte resfriado, y no pudo participar en la sesión. Watson regresó sin las fotografías y el proyecto terminó utilizando la conocida ilustración de Will Wilson. Tiempo después, Michael llamó personalmente al fotógrafo, se disculpó por lo sucedido y le propuso que se encargara de la portada de su siguiente álbum.
Albert Watson y la sesión definitiva
Michael y Albert Watson se reunieron en el hotel Four Seasons de Nueva York para conversar sobre la sesión. Watson recordó que Michael era reservado, respetuoso y muy seguro de lo que quería, pero al mismo tiempo le concedió libertad creativa. El fotógrafo le propuso una composición construida con espejos, una pista de baile y una barra vertical que pudiera utilizar como apoyo durante los movimientos. Michael aceptó la propuesta porque deseaba que las fotografías fueran artísticas y no una repetición convencional de su imagen promocional.

La fecha exacta de la sesión presenta una discrepancia entre las fuentes profesionales. Algunas catalogaciones de obras de Watson la sitúan en 1999, mientras otras referencias posteriores vinculadas con su archivo la ubican en 2000. Por ello, resulta más preciso establecer que la sesión tuvo lugar en Nueva York durante la preparación de Invincible, sin convertir una datación todavía discutida en un elemento central de la historia.
El trabajo se extendió durante dos jornadas. El primer día, Michael llegó al estudio por la mañana, dedicó aproximadamente una hora al maquillaje y al cabello y presentó varias alternativas de vestuario. Watson escogió una de ellas. Primero realizó un retrato y después preparó el espacio con los espejos. Michael bailó durante unos veinte minutos mientras el fotógrafo capturaba sus movimientos, reflejos y cambios de posición. De aquella parte de la sesión surgieron alrededor de doscientas fotografías en las que el cuerpo del artista aparece dividido y multiplicado en diferentes franjas verticales.
Michael regresó al día siguiente porque deseaba probar otra idea. Watson realizó entonces un segundo retrato, y la fotografía utilizada para la portada procedió de esa segunda jornada. En total, el fotógrafo calculó que había tomado aproximadamente veinte retratos, además de las imágenes de movimiento. La elección final no fue una imposición unilateral del sello ni del fotógrafo: Watson recordó que el equipo consideró sus recomendaciones, pero sostuvo que Michael participó directamente y eligió la fotografía que acabaría convirtiéndose en la cubierta del álbum.
Antes de decidirse por los espejos, ambos habían considerado otras posibilidades. Una consistía en fotografiar a Michael de noche en un entorno industrial o callejero de Brooklyn; otra planteaba trasladar la sesión al desierto. Las dificultades logísticas y la necesidad de continuar trabajando en el álbum en Nueva York condujeron a la elección del estudio. Los espejos, además, ofrecían algo que aquellos escenarios no podían proporcionar: la posibilidad de presentar varias versiones de Michael simultáneamente, fragmentando su cuerpo sin perder la energía de su movimiento.
La multiplicación de la figura no era ajena al lenguaje artístico de Watson. El fotógrafo, formado inicialmente en diseño gráfico, desarrolló a lo largo de su carrera un especial interés por las composiciones construidas a partir de imágenes múltiples. La serie de Michael no fue, por lo tanto, una acumulación accidental de reflejos, sino una extensión de esa búsqueda: diferentes posiciones y fragmentos del cuerpo organizados dentro de una única obra.

Karen Faye confirmó posteriormente que Golden Boy había inspirado el concepto fotográfico. De acuerdo con su testimonio, Michael fue pintado completamente de dorado y utilizó también una pieza de cabello dorada. Faye consideraba que la fotografía original de Watson era extraordinaria y manifestó su disgusto por el intenso retoque aplicado durante el proceso posterior. Su declaración permite confirmar la existencia del retrato dorado, pero no demuestra que hubiera una portada completa —con tipografías, títulos y diagramación final— formalmente aprobada y luego descartada.
En junio de 2018, a partir de una historia de Instagram de Omer Bhatti, se difundió una imagen de una cubierta alternativa de apariencia dorada. La fotografía era pequeña, pero permitió observar un rostro más cercano al concepto descrito por Karen Faye y una composición tipográfica diferente de la finalmente publicada. La pieza debe identificarse con prudencia como una maqueta, prueba o cubierta alternativa vinculada con el desarrollo del álbum.
Un rostro en la frontera entre dos siglos
La fotografía seleccionada por Michael pasó después al proceso de diseño de Arnell Group, con Steven Hankinson acreditado específicamente por el diseño de portada, bajo la dirección artística de Nancy Donald, David Coleman y Adam Owett. El cabello, el cuello, los hombros y casi todo el contorno exterior desaparecieron dentro del fondo. El rostro quedó reducido a sus rasgos esenciales: los ojos, las cejas, la nariz, los labios y algunas sombras capaces de conservar el volumen de la fotografía original.
El proyecto de Arnell Group no se limitó a colocar textos sobre una fotografía. El propio archivo profesional de Peter Arnell clasifica el trabajo realizado para Michael Jackson dentro de áreas como comunicación, packaging y fotografía, y conserva la identidad visual de Invincible aplicada tanto a las distintas portadas como a piezas publicitarias de gran escala. La imagen estaba concebida para funcionar como un sistema gráfico reconocible y mantener su identidad al cambiar de formato, color y dimensiones.

La portada publicada no muestra simplemente a Michael Jackson: muestra su imagen en proceso de transformación. Algunas áreas conservan la continuidad del retrato fotográfico, mientras otras son borradas, desaturadas, duplicadas o convertidas en una trama de puntos. El resultado se encuentra a mitad de camino entre una fotografía y una imagen digital intensamente procesada, aunque técnicamente continúe partiendo del trabajo fotográfico de Watson.
El rasgo más importante de la composición es el ojo situado a la izquierda del espectador, que anatómicamente corresponde al ojo derecho de Michael. Ese ojo y parte de su ceja aparecen duplicados, desplazados y sometidos a una trama pixelada. El otro ojo conserva una apariencia más próxima al retrato natural. La coexistencia de ambas miradas permite interpretar la portada como una representación del tránsito entre el siglo XX y el siglo XXI.
Un ojo conserva al Michael construido durante el siglo XX: el niño de Motown, el cantante de soul y R&B, el bailarín cuya presencia física transformó el espectáculo y el artista que dominó la era del disco, la televisión y el videoclip. El otro ojo, fragmentado y digitalizado, parece observar el nuevo siglo: una época en la que la imagen comenzaba a ser procesada mediante capas, convertida en datos, reproducida en diferentes versiones y distribuida a través de medios tecnológicos todavía en expansión.
Michael aparece en la frontera entre dos tiempos. No abandona el siglo que lo convirtió en una figura universal, pero permite que su imagen sea reconstruida para ingresar en otro. El rostro sigue siendo inmediatamente reconocible, aunque ya no se presenta como una unidad estable. Puede borrarse, duplicarse, colorearse, ampliarse y reorganizarse sin perder su identidad.
Esta lectura se refuerza al considerar la transformación del concepto metálico. El punto de partida era la tonalidad dorada inspirada en Golden Boy. El oro estaba asociado con la estatua, la consagración, la riqueza, la realeza y la permanencia. Sin embargo, la edición estándar de Invincible terminó dominada por el blanco y el plateado. La documentación contemporánea del lanzamiento indicaba que el aspecto gris que podía verse en reproducciones digitales correspondía, en el objeto físico, a una impresión plateada.
El cambio resulta sugestivo. El dorado conserva asociaciones con el monumento, la consagración y la permanencia; el plateado mantiene la condición metálica, pero la desplaza visualmente hacia la máquina, la superficie industrial y la tecnología. La condición escultórica no desaparece: cambia de lenguaje. La figura metálica nacida de una referencia analógica termina convertida en una presencia más fría, limpia y contemporánea.
No existe una declaración pública de Steven Hankinson que confirme que ese fuera el significado buscado deliberadamente. Por ello, la transición entre los siglos debe presentarse como una interpretación fundada en los elementos visibles de la obra y en el contexto del álbum, no como una explicación textual atribuida al diseñador. Sin embargo, la coherencia entre los diferentes recursos hace que la lectura vaya mucho más allá de una asociación arbitraria.
La tipografía prolonga la misma tensión. Los especialistas han identificado en “MICHAEL” y “INVINCIBLE” una fuente de aspecto bitmap. Sus letras están formadas por pequeños bloques que recuerdan a los píxeles de una pantalla. Para “JACKSON”, en cambio, fue utilizada una tipografía identificada como Didot LP, perteneciente a una tradición clásica, elegante y editorial.
La combinación resulta especialmente significativa. “MICHAEL” adopta el lenguaje digital y parece dispuesto a transformarse; “JACKSON” conserva la solidez clásica de un apellido ya instalado en la historia de la música. El nombre completo atraviesa horizontalmente el rostro y posee una jerarquía mucho mayor que el título del álbum. Invincible aparece pequeño, colocado debajo del apellido. La portada no necesita anunciar primero el nombre de la obra: el acontecimiento central es la presencia de MICHAEL JACKSON.
El título, sin embargo, completa el mensaje. Invincible significa “invencible”, pero el rostro no es presentado como una máscara impenetrable ni como una figura físicamente poderosa. Es un rostro intervenido, parcialmente borrado y reconstruido. La invencibilidad no reside en permanecer intacto, sino en conservar la identidad a través de las transformaciones. Michael puede ser fragmentado, duplicado y sometido a diferentes tratamientos visuales, pero continúa siendo reconocible de inmediato.
Cinco portadas para una misma identidad
Desde las primeras conversaciones con Watson se había contemplado la posibilidad de presentar el retrato con colores diferentes. La edición estándar utilizó blanco y plateado, pero fue acompañada por cuatro variantes: roja, azul, verde y anaranjada. En cada una de ellas se mantuvo la misma estructura esencial del rostro, las tipografías y la disposición del nombre y del título.

La existencia conjunta de las cinco variantes también aparece conservada en el archivo profesional de Arnell Group, lo que confirma que formaban parte de un sistema visual planificado y no de simples alteraciones independientes creadas posteriormente por diferentes mercados. La identidad gráfica podía cambiar de tonalidad y seguir funcionando como una misma imagen reconocible.
Michael explicó directamente la finalidad de estas versiones durante el audiochat organizado por GetMusic y Rolling Stone el 26 de octubre de 2001. Señaló que deseaban que los seguidores se divirtieran coleccionándolas y recordó que él mismo compraba varias veces los álbumes que amaba. También indicó que querían experimentar con las fotografías y los colores y ofrecer algo diferente.
Las cinco portadas fueron concebidas principalmente como variantes cromáticas y objetos coleccionables de una misma identidad visual.
La repetición del mismo rostro bajo diferentes colores añade otra dimensión al concepto. Michael no solo aparece fragmentado dentro de una imagen: su identidad completa puede ser reproducida en serie. El mismo retrato atraviesa distintas tonalidades sin perder su fuerza reconocible. Esta serialización recuerda inevitablemente a ciertas prácticas del arte pop, especialmente a los retratos multicolores asociados con Andy Warhol, aunque no existe documentación que pruebe que Warhol haya sido una referencia declarada para el diseño.
La colección de cinco tapas también anticipaba una característica central de la cultura visual digital: la existencia de diferentes versiones de una misma imagen. En el siglo XX, la portada de un álbum solía funcionar como una representación fija y definitiva. En Invincible, la identidad visual ya no es única: puede modificarse, cambiar de color y presentarse en varias alternativas igualmente oficiales.
De la portada al interior
El concepto no termina en el frente del disco. Al girar el estuche, el espectador encuentra una ampliación del ojo intervenido. La contratapa no abandona el rostro de Michael, sino que penetra en él. El ojo pixelado ocupa una superficie mucho mayor y comienza a perder su condición anatómica para convertirse en una trama gráfica casi abstracta sobre la cual se dispone la lista de canciones.
La portada muestra al individuo; la contratapa muestra su imagen transformada en información. El recorrido conduce desde el rostro reconocible hacia el detalle ampliado, desde la fotografía hacia los puntos de impresión y desde la identidad humana hacia su reproducción tecnológica. La intervención del ojo deja así de ser un pequeño efecto decorativo y se convierte en uno de los principios organizadores de todo el empaque.

En el interior, el cuerpo de Michael reaparece a través de las fotografías tomadas por Watson delante de los espejos. Ya no encontramos una figura única y completa, sino diferentes posiciones, perfiles, movimientos y reflejos separados por franjas verticales. El espejo multiplica al artista de manera física, mientras el diseño de portada había duplicado su ojo de manera gráfica.
El rostro se fragmenta en la cubierta; la mirada se amplía en la contratapa; el cuerpo se multiplica en el interior. Todo el conjunto desarrolla una misma idea: la identidad de Michael puede dividirse en numerosas apariciones sin perder su unidad fundamental.
Las imágenes interiores conservan además una relación directa con el elemento más característico de su carrera: el movimiento. El Michael del siglo XX había construido buena parte de su identidad pública mediante un cuerpo excepcionalmente preciso, capaz de dominar el escenario y la cámara. En las fotografías de Invincible, ese cuerpo continúa bailando, pero ya no es observado como una figura estable. Los espejos lo convierten en una sucesión de fragmentos, casi como si cada movimiento fuera separado en diferentes cuadros de una secuencia digital.
En una de las composiciones interiores aparece también una rosa acompañando una dedicatoria a Carole Bayer Sager. La flor, elemento orgánico y tradicional, se integra con una zona de aspecto pixelado. La transformación digital no se limita entonces al rostro de Michael: incluso un elemento natural entra en contacto con la misma trama tecnológica. La rosa conserva su forma reconocible, pero parece comenzar a disolverse dentro del lenguaje visual del nuevo siglo.
El disco propiamente dicho mantiene el predominio del blanco y organiza el nombre, el título, las canciones y los datos técnicos alrededor del centro. La ausencia de una nueva fotografía evita romper la continuidad conceptual. El soporte se convierte en otra superficie de información, coherente con el minimalismo del exterior.
Uri Geller y el universo simbólico
El interior contiene, además, un elemento completamente diferente del lenguaje visual de la portada: una ilustración realizada por Uri Geller. Según el relato difundido por el propio Geller, Michael le pidió que creara una obra para el proyecto y el dibujo fue realizado sobre una servilleta a las 11:11 de la noche en un hotel de Nueva York.
La ilustración reúne una gran cantidad de palabras, rostros, animales, estrellas, formas geométricas y símbolos espirituales. En el centro aparecen los perfiles de un hombre y una mujer enfrentados, coronados por la cabeza de un águila y unidos mediante signos relacionados con la luz, el amor y la paz. Un corazón y la palabra PEACE conectan sus frentes, mientras debajo se encuentra el símbolo del infinito.

De acuerdo con la explicación atribuida a Geller, el infinito representa la vida eterna y la paz, mientras el pez situado debajo simboliza la fertilidad y emite ondas que se transforman nuevamente en figuras infinitas. Sobre la cabeza de la mujer aparece un objeto volador que representa una inteligencia positiva proveniente del espacio; sobre la cabeza del hombre se encuentra una forma relacionada con el monolito de 2001: A Space Odyssey, entendido como la mente o inteligencia de otra especie.
También aparece un arma cuyos proyectiles parecen desintegrarse después de ser disparados. Para Geller, esa transformación simbolizaba el fin de la guerra. Las pirámides remitían a los faraones, al poder mental y a una de las maravillas del mundo; las llamas representaban energía, evolución y avance; y el nautilus era asociado con el amor, el hogar y la continuidad de la vida.
Entre los signos se encuentran además los nombres Prince y Paris, incorporados dentro de un paisaje de estrellas, así como la fecha de nacimiento de Michael, 29/08/58. Geller otorgaba a esos números un significado numerológico: el 29 podía reducirse al 11 mediante la suma de sus cifras, mientras el 8 era relacionado con la figura horizontal del infinito.
La ilustración también generó una controversia durante el lanzamiento. En noviembre de 2001, Uri Geller denunció públicamente que la compañía discográfica había modificado su obra antes de imprimirla. Según su versión, se habían retirado términos como “God”, “Jerusalem”, “USA” y “Angel 2000”, y una estrella de David había sido reemplazada por un pentagrama. La acusación fue difundida en la prensa contemporánea, pero no se ha localizado una explicación pública de Sony que permita reconstruir el proceso desde la perspectiva de la compañía.
El dibujo funciona como el polo opuesto del exterior. La portada es blanca, plateada, geométrica y minimalista; la obra de Geller es manual, irregular, acumulativa y simbólica. Afuera aparece el Michael público, reducido a una imagen precisa y preparado para ingresar en la era digital. Adentro aparece un universo humano y espiritual compuesto por amor, familia, paz, vida, cosmos y esperanza.
La oposición no debilita la unidad del proyecto. Por el contrario, introduce una dimensión necesaria. Si la portada demuestra que la imagen pública de Michael puede ser convertida en píxeles y reproducida en distintas versiones, el dibujo interior recuerda que detrás de esa construcción tecnológica permanece un mundo personal que no puede reducirse a una superficie digital.
La imagen de una transformación
El arte de Invincible resulta mucho más complejo de lo que su aparente sencillez permite imaginar. A primera vista, parece una portada reducida al primer plano de Michael Jackson. Sin embargo, cada una de sus decisiones visuales participa de una construcción mayor.
El antecedente de Golden Boy aporta la idea del rostro metálico y escultórico. La sesión de Watson introduce la mirada frontal y la multiplicación del cuerpo mediante espejos. El proceso de diseño desarrollado por Arnell Group elimina contornos, duplica un ojo y convierte parte de la fotografía en una trama digital. Las tipografías enfrentan el lenguaje clásico con el bitmap. Las cinco cubiertas reproducen el rostro como una serie cromática. La contratapa amplía el ojo hasta transformarlo en información. El interior fragmenta el movimiento y permite que una rosa orgánica entre en contacto con los píxeles. Finalmente, el dibujo de Uri Geller incorpora la dimensión afectiva y espiritual.
La portada de Invincible representa a Michael Jackson en la transición entre el siglo XX y el siglo XXI. Un ojo conserva al artista humano, fotográfico, corporal y analógico que había dominado la cultura popular durante décadas; el otro, duplicado y pixelado, lo proyecta hacia una época en la que la identidad puede convertirse en datos, ser modificada mediante capas y reproducirse en versiones diferentes.
No se trata de que un Michael antiguo sea reemplazado por otro completamente nuevo. Ambos permanecen dentro del mismo rostro. El pasado y el futuro no están separados: se superponen. La tradición del soul, el R&B, la danza y la fotografía convive con el píxel, la intervención digital y la reproducción seriada.
En HIStory, Michael se había presentado como una estatua gigantesca, construida para resistir el paso del tiempo. En Invincible, la permanencia adopta otra forma. Ya no necesita un monumento completo. Su rostro puede ser fragmentado, borrado, ampliado, recoloreado y sometido a nuevas tecnologías, pero continúa siendo reconocible.
Esa capacidad de atravesar las transformaciones sin perder la identidad constituye la verdadera declaración visual de la portada: Michael Jackson no permanece invencible porque nada pueda modificarlo, sino porque ninguna modificación consigue hacerlo desaparecer.
La historia del arte de tapa contada por Albert Watson
Cuenta el fotógrafo Albert Watson que en principio iba a fotografiar a Michael Jackson en la ciudad de Tokio, Japón para el arte de tapa de «Blood on the Dance Floor», pero «cuando llegué y preparamos todo en el estudio, Michael estaba enfermo con un resfriado y no pudo hacer la sesión de modo que regresé y acabaron usando una ilustración. Poco tiempo después me llamó para decirme cuanto sentía no haber podido hacer las fotos en Tokio, pero que le gustaría que hiciera la siguiente portada y nos citamos dos semanas más tarde en el hotel Four Seasons de Nueva York.»

«El primer día de la sesión de fotos llegó a las 10.15 de la mañana y condujo su coche hasta mi estudio. Cerramos la puerta tras él, se preparó durante una hora con su maquilladora y peluquero y después discutimos las ropas. Primero hice el retrato y después las fotos bailando. Fue fantástico. Era súper profesional, súper amable, súper simpático y muy educado con todo el mundo. Les dio las gracias a todos al terminar. Fue una absoluta delicia. Al día siguiente volvió y repetimos un segundo retrato. Él quería probar otra idea, y por eso hicimos otro retrato al segundo día.»
«Fue muy, muy amable. Encantador. Siempre me acuerdo del fuerte apretón de manos que daba, muy decidido. Estaba muy seguro sobre la sesión de fotos pero también quería darme libertad. Dijo: “Tú eres el artista así que tienes completa libertad”. Yo le dije: “Tengo esta idea con espejos y creo que estará bien… Te pondré una pista de baile y una barra en el centro de la misma, casi como una barra de stripper, para que puedas usarla”, y dijo que sonaba genial.»
Para el retrato del arte de tapa se tomaron alrededor de 20 fotografías. La utilizada para «Invincible» fue elección del propio Michael, que desde el principio tuvo la idea de un retrato con diferentes colores y tonos para la portada del álbum y fotos en el interior.
Para el set de las fotografías bailando entre los espejos, que luego se utilizarían para dentro de la portada del álbum, Jackson bailó 20 minutos, lo que es mucho tiempo en realidad, tomándose más de 200 fotografías.
Cuando le preguntaron al fotógrafo Albert Watson que contara su experiencia con Michael Jackson, esto fue lo que comentó: «Fue fabuloso. Pasé tres días con él y fue fabuloso. Lo más raro es que él no fue raro. Me pareció tremendamente respetuoso. Me llamaba «maestro» todo el tiempo. Pidió conocer «al artista» antes de la sesión, así que lo hicimos. Fui a su hotel y pasé un par de horas con él. Fue callado, respetuoso e increíble. Solo estuvimos charlando. Le gustaba hacer fotos a sus hijos y me las mostró y me pidió consejo, cosas así. Las fotos son solo fotos así que le dije que me parecía que estaban bien.
