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El Carrusel de Neverland: el sueño comienza a girar

Entre todas las atracciones que con el tiempo poblaron el parque de Neverland Ranch, ninguna representa con tanta claridad el comienzo de aquella transformación como su gran carrusel. Antes de la noria, de los juegos de mayor velocidad y de la extensa colección de máquinas que acabaría ocupando el valle, el carrusel fue la primera gran atracción encargada específicamente para convertir la idea de Michael Jackson en un parque real.

No fue elegido como una pieza secundaria. Su movimiento pausado, sus luces, su música y sus animales fantásticos reunían muchos de los elementos que Michael deseaba para Neverland: belleza, imaginación, tradición, accesibilidad y una experiencia que pudieran compartir niños y adultos. A diferencia de una atracción extrema, el carrusel no imponía una edad ni exigía vencer el miedo. Permitía simplemente subir, escoger un animal y dejarse llevar mientras el paisaje giraba lentamente alrededor.

Su historia también marcó el comienzo de una relación fundamental para la creación del parque: la colaboración entre Michael y Robert E. “Rob” Swinson, entonces gerente nacional de ventas de Chance Rides y posteriormente consultor personal de atracciones de Michael y desarrollador del Neverland Valley Park.

Ficha técnica documentada

Fabricante: Chance Rides, entonces integrada en Chance Industries, Wichita, Kansas.
Tipo: carrusel ornamental permanente y personalizado.
Modelo referido por Rob Swinson: Gran Carrusel de 50 pies.
Encargo inicial: modelo de 36 pies, sustituido durante la selección de las figuras.
Cantidad de figuras atribuida: sesenta caballos y otros animales ornamentales.
Material de las figuras: fibra de vidrio, según el testimonio de Jonathan L. Beauchamp.
Decoración: diseños individuales, acabados perlados, ojos de vidrio en determinadas figuras, espejos, paneles pictóricos, iluminación y cornisa ornamental.
Supervisión artística atribuida: Jonathan L. Beauchamp.
Cabeza decorativa de bufón: atribuida a Danny Hitchcock.
Caballo querubín con alas de mariposa: atribuido a Robert Hall como regalo personal para Michael.
Primer paseo recordado por Rob Swinson: Halloween de 1990.
Tipo de instalación: permanente, sobre un emplazamiento preparado dentro del parque de Neverland Ranch.

La búsqueda de un carrusel para el rancho

A comienzos de junio de 1990, Rob Swinson recibió una llamada de Brick Price, propietario de Wonderworks, empresa de Canoga Park especializada en maquetas, utilería y efectos especiales. Price no reveló inicialmente la identidad de la persona a la que representaba. Solo explicó que su cliente era una figura conocida del mundo del entretenimiento, que poseía un rancho al norte de Santa Bárbara y que estaba interesado en adquirir un carrusel.

Según el relato posterior de Swinson, aquel comprador ya había examinado un carrusel antiguo en Inglaterra y otros ejemplares durante sus viajes por Europa occidental. La búsqueda, por lo tanto, había comenzado antes del contacto con Chance Rides. Michael no estaba buscando simplemente una máquina disponible en un catálogo: observaba carruseles históricos, comparaba sus estilos y trataba de encontrar uno que pudiera integrarse al mundo que comenzaba a construir en Neverland.

Brick Price pidió información sobre los modelos fabricados por Chance Rides. Swinson preparó un paquete con folletos, fotografías, cartas de selección de animales ornamentales y un video promocional en el que podían verse diferentes carruseles de la compañía. Pocos días después recibió una llamada de Norma E. Staikos, administradora ejecutiva de MJJ Productions, quien confirmó que el material había llegado y sería presentado a Michael.

La conversación no tardó en convertirse en un contacto directo. Swinson recordó que Michael lo llamó personalmente para agradecerle los folletos y, sobre todo, el video. Se encontraba recuperándose en un hospital del área de Los Ángeles y había pasado parte de los dos días anteriores observando repetidamente las imágenes, examinando cada caballo y cada animal disponible.

Michael le dijo que se había enamorado de aquellos carruseles y que quería encargar uno para su rancho. El entusiasmo no surgía solamente de la máquina terminada: lo fascinaba la posibilidad de escoger cada figura, cada color y cada detalle del conjunto.

Chance Rides se encontraba en una etapa especialmente favorable para asumir un proyecto de esa naturaleza. La compañía, fundada en Wichita, Kansas, había incorporado carruseles a su línea de producción décadas antes y, hacia finales de la década de 1980, estaba ampliando su oferta de modelos ornamentales. La empresa continúa fabricando carruseles de diferentes tamaños, entre ellos modelos comercialmente identificados como 36 ft Carousel y 50 ft Carousel.

Del primer pedido al Gran Carrusel

El pedido inicial de Michael correspondía a un carrusel de 36 pies. De acuerdo con el testimonio de Swinson, aquella primera configuración contemplaba treinta animales saltadores —figuras unidas al mecanismo que suben y bajan durante el giro— y dos carros o bancos para pasajeros, uno de ellos preparado para facilitar el acceso de personas con discapacidad.

Michael también quería grandes remates decorativos sobre el poste central, una cubierta de tela intensamente coloreada, numerosas luces y espejos biselados de apariencia antigua. Desde el primer momento, el encargo excedía el acabado estándar de una atracción comercial: debía convertirse en una pieza creada especialmente para Neverland.

El problema apareció cuando comenzó la selección de los animales. Michael examinaba los caballos tradicionales, pero también las figuras de otras especies y los diseños fantásticos. Cuantas más posibilidades veía, más difícil le resultaba reducir la elección a treinta posiciones.

Swinson comprendió que el deseo de Michael era considerablemente mayor que la capacidad del carrusel encargado. No quería elegir entre unas figuras y otras: quería construir un pequeño mundo en movimiento que pudiera contenerlas a todas.

Fue entonces cuando Swinson le explicó que Chance Rides disponía de un modelo mucho más grande, el Grand Carousel de 50 pies, con espacio para aproximadamente sesenta figuras. La respuesta de Michael, según el recuerdo del consultor, fue inmediata: quería aquel en lugar del primero.

El pedido de 36 pies fue cancelado y reemplazado por el modelo mayor. La modificación no representaba solamente un aumento de tamaño. Duplicaba las posibilidades artísticas del conjunto y convertía al carrusel en una de las grandes piezas visuales del futuro parque.

Sesenta figuras concebidas como piezas individuales

El Gran Carrusel no fue tratado como una máquina uniforme decorada mediante repeticiones. Cada uno de sus sesenta animales debía poseer identidad propia.

La supervisión general del diseño, la decoración y la producción fue atribuida a Jonathan L. Beauchamp, integrante del equipo artístico relacionado con Chance Rides, quien también estuvo presente durante la instalación en Neverland. Según su testimonio, Michael había escogido inicialmente los animales sin saber hasta qué punto la compañía personalizaría el conjunto.

Beauchamp recordó que cada figura fue trabajada como una pequeña pieza artística. Los animales recibieron combinaciones diferentes de colores, ornamentos y acabados perlados incorporados a la capa transparente, lo que hacía que sus superficies reflejaran la luz y cambiaran de apariencia mientras el carrusel giraba.

Las figuras estaban construidas en fibra de vidrio, material habitual en los carruseles modernos de Chance Rides. La historia de la compañía confirma que sus animales de carrusel se producen con este material, más ligero y resistente a la intemperie que las antiguas tallas de madera. La expansión de su catálogo ornamental a finales de la década de 1980 permitió utilizar moldes inspirados en figuras clásicas de la tradición estadounidense de carruseles.

De acuerdo con Beauchamp, varias de las figuras de la fila exterior procedían de moldes basados en diseños históricos y fueron terminadas con ojos de vidrio, recurso destinado a recuperar parte de la expresividad de los animales antiguos. Los colores perlados, las joyas decorativas, las flores, las monturas y los arneses convertían a cada ejemplar en algo distinto de los demás.

La decoración no se limitó a los animales. Beauchamp diseñó también la cornisa que rodeaba la parte superior del carrusel. Sobre ella se integraron paneles pintados, marcos ornamentales, espejos y luces que se repetían alrededor de toda la circunferencia. Danny Hitchcock fue señalado como el escultor de una gran cabeza de bufón incorporada al programa decorativo.

Beauchamp explicó que muchas de las escenas pintadas habían nacido de ideas surgidas durante el proceso creativo. Algunas eran imaginadas por la noche, anotadas y transmitidas después a los artistas para su ejecución. Las viñetas no debían ser simples adornos. Según su recuerdo, buscaban transmitir esperanza, consuelo e imaginación a los niños que visitarían Neverland.

La tarea exigía que una atracción fabricada industrialmente conservara el aspecto de una obra única. El mecanismo podía provenir de la ingeniería de Chance Rides, pero su identidad visual debía pertenecer exclusivamente al rancho.

El caballo creado en secreto para Michael

Dentro de aquella colección había una figura que poseía un significado especial. El artista y escultor Robert Hall —también citado en algunos materiales como Robert Nolan Hall— trabajó durante horas en el taller de la fábrica conocido afectuosamente como el Horse Barn, el “establo de caballos”.

Hall estaba preparando en secreto un animal que no formaba parte de la selección ordinaria. Era un regalo personal para Michael: un caballo querubín con alas de mariposa, decorado con flores entretejidas en la crin.

Rob Swinson conocía el proyecto y había observado su evolución, pero la existencia del regalo no fue revelada a Michael durante la fabricación. La figura combinaba la forma tradicional del caballo de carrusel con un lenguaje completamente fantástico: alas, flores y una expresión delicada que la separaban visualmente de los animales ecuestres convencionales.

La importancia de esta historia se encuentra en lo que ocurrió después. Durante la primera noche de uso del carrusel, Swinson preguntó casualmente a Michael si ya había elegido un caballo o animal favorito.

Michael comenzó a recorrer la plataforma, examinando las figuras una por una. Finalmente se detuvo precisamente ante el caballo querubín con alas de mariposa, el mismo que Robert Hall había concebido como regalo secreto para él.

Según Swinson, Michael no había recibido ninguna pista ni sabía que aquella pieza había sido creada con esa intención. Su elección fue espontánea. Entre sesenta animales cuidadosamente pintados, se sintió atraído por el único que había sido diseñado personalmente para él.

El episodio parecía confirmar el sentido íntimo que los artistas habían colocado en la figura. El regalo encontró a su destinatario antes de que su destinatario supiera que era un regalo.

La carta de Chance Rides

La construcción fue acompañada por una nota formal de Chance Rides fechada el 29 de octubre de 1990. Más que una comunicación comercial, el texto presentaba el carrusel como el encuentro entre dos sueños: el de Michael y el de quienes habían participado en su fabricación.

La carta describía los sueños como seres vivos, capaces de crecer, cambiar y empujar a las personas más allá de sus propios límites. Chance Rides agradecía a Michael haber compartido con la compañía su visión de un mundo dedicado al placer, la plenitud y la felicidad, y afirmaba que sus propios trabajadores habían podido compartir ese sueño al crear uno de los carruseles más bellos que habían concebido.

Una de sus frases resumía el significado atribuido al proyecto:

¡Los sueños son seres vivos!

Existen fuera del tiempo y del espacio, pero nos ayudan a comprender y crear nuestros propios mundos. Cuando se los cuida, tienen una capacidad ilimitada de crecimiento y cambio.

Los sueños son generosos e indulgentes; son compañeros para toda la vida. Nos obligan a ir más allá de nuestros mejores esfuerzos, a alcanzar algo más grande que nosotros mismos. El sentimiento más feliz imaginable se produce cuando un sueño abraza la realidad.

Compartiste tu sueño con nosotros y nos permitiste ingresar en tu mundo especial de placer, plenitud y felicidad. Nosotros también compartimos contigo nuestros sueños al crear uno de los carruseles más bellos jamás concebidos.

Gracias por permitirnos hacer realidad nuestro sueño. Que todos tus sueños se hagan realidad.

Chance Rides, Inc.
29 de octubre de 1990

La fecha demuestra que la unidad se encontraba terminada o en su fase inmediata de entrega a finales de octubre de 1990. Sin embargo, la carta por sí sola no permite establecer el día exacto en que concluyó todo el montaje mecánico ni la fecha formal de una inspección. Lo seguro es que el carrusel estaba disponible para el paseo recordado por Swinson durante la celebración de Halloween de aquel año.

La expresión utilizada por Chance Rides no resultaba exagerada dentro de la historia del parque. Solo unos meses antes, el emplazamiento era una superficie de tierra sin caminos ni atracciones. Ahora, en el centro del valle, una gran máquina iluminada comenzaba a girar con sesenta animales creados especialmente para Neverland.

La instalación en el rancho

El carrusel no había sido construido como una atracción itinerante que pudiera desmontarse cada pocos días. Neverland requería instalaciones permanentes, apoyadas sobre bases preparadas y conectadas con la infraestructura eléctrica del parque.

Tony Urquidez explicó que Michael no deseaba versiones portátiles de las atracciones. Cada juego debía permanecer en su emplazamiento y formar parte del paisaje. Eso obligaba a preparar cimentaciones, superficies niveladas, conexiones y accesos capaces de soportar el uso continuado.

El carrusel llegó dividido en componentes: estructura central, plataforma, mecanismo, columnas, animales, paneles, cornisa, cubierta e instalación eléctrica. Cada elemento debía ensamblarse y ajustarse antes de realizar las primeras pruebas.

Jonathan Beauchamp estuvo presente durante la instalación, según su propio recuerdo. Su participación era lógica: la decoración no podía tratarse de manera separada de la estructura. Los animales debían ocupar posiciones específicas, los paneles debían mantener una continuidad visual y las luces y espejos tenían que quedar correctamente distribuidos alrededor del conjunto.

Cuando la obra terminó, el mecanismo y el paisaje comenzaron a fundirse. La plataforma técnica quedó rodeada por caminos, jardines y zonas de césped. Desde la distancia, la gran cubierta rayada en rojo y blanco se convirtió en uno de los puntos más reconocibles del parque. Las fotografías aéreas y las imágenes tomadas desde los senderos muestran al carrusel como una pieza central dentro de la composición recreativa de Neverland, rodeada por otras atracciones, robles y recorridos curvos.

Halloween de 1990: el primer paseo

Rob Swinson situó uno de los momentos decisivos durante la noche de Halloween de 1990. Después de cenar con Michael en Neverland, ambos se dirigieron en carrito de golf hacia el nuevo carrusel.

No se trató de una presentación pública ni de una inauguración comercial. Fue un primer paseo íntimo entre el creador del proyecto y el hombre que había ayudado a convertirlo en una atracción real.

Michael y Swinson subieron varias veces, cambiando de animal en cada recorrido y riendo, según el consultor, como dos niños. Algunos empleados de Neverland aparecieron disfrazados para participar de la celebración, mientras camarógrafos contratados por Michael documentaban el momento.

Swinson recordaría especialmente la tranquilidad de Michael. Lejos de los escenarios, las cámaras de televisión y las multitudes, podía recorrer la plataforma, escoger un animal y disfrutar de una atracción construida dentro de su propio hogar.

Aquella noche también ocurrió la elección del caballo de Robert Hall. Después de varios recorridos, Michael permaneció sobre la plataforma observando los animales, hasta detenerse frente al querubín con alas de mariposa.

El carrusel había comenzado como una búsqueda entre antigüedades europeas, continuado mediante folletos enviados desde Wichita y crecido desde un pedido de treinta figuras hasta una obra de sesenta animales. En Halloween de 1990, por primera vez, todo aquello dejó de ser un proyecto: las luces se encendieron, la plataforma comenzó a girar y Michael pudo entrar físicamente en el sueño que había imaginado.

La primera gran obra del parque

El Gran Carrusel fue mucho más que una de las atracciones adquiridas por Michael. Fue el proyecto que abrió la relación con Chance Rides, consolidó la participación de Rob Swinson y demostró que el parque de Neverland podía construirse realmente.

A partir de aquel encargo inicial comenzaron conversaciones sobre nuevas atracciones, trenes, paisajismo, esculturas, pintura e iluminación. Swinson pasó de ser el representante de un fabricante a convertirse en consultor del proyecto completo. El terreno vacío que había observado en junio de 1990 empezó a transformarse alrededor del carrusel.

También estableció el método que Michael aplicaría después: seleccionar una idea, estudiarla con especialistas, ampliar sus posibilidades, personalizar cada detalle y finalmente integrarla dentro del paisaje del rancho.

Michael no aceptó el primer modelo simplemente porque fuera suficiente. Cuando comprendió que existía una versión capaz de alojar el doble de animales, eligió la más grande. No lo hizo únicamente por monumentalidad, sino porque le permitía conservar más figuras, más colores y más historias.

Cada animal ofrecía una pequeña elección a quien se acercaba: un caballo tradicional, una criatura decorada con flores o una figura nacida de la fantasía. Entre todos ellos, Michael encontró sin saberlo el que había sido creado para él.

El parque de Neverland comenzó a hacerse realidad cuando aquel carrusel empezó a girar. Las atracciones posteriores ampliarían la escala y la variedad del conjunto, pero el Gran Carrusel conservó siempre la condición de primera pieza fundacional: la máquina que transformó una conversación, unos folletos y una colección de dibujos en un lugar donde Michael podía reír, elegir un caballo y compartir con otros la alegría de un sueño convertido en movimiento.

El carrusel dentro de la experiencia de Neverland

Con el crecimiento del parque, el carrusel continuó ocupando un lugar particular. Las nuevas atracciones podían ser más rápidas, más altas o mecánicamente más intensas, pero ninguna reemplazaba su función.

Era una de las máquinas más fáciles de compartir. Los adultos podían acompañar a los niños; quienes no deseaban utilizar un animal saltador podían ocupar una posición más estable; y el personal podía ayudar individualmente a los visitantes con movilidad reducida.

Un testimonio atribuido a Lance Brown recuerda que algunos niños que llegaban a Neverland con discapacidades eran ayudados por trabajadores y adultos para subir al carrusel y permanecer acompañados durante el paseo.

Su ambientación continuaba después de la puesta del sol. La cubierta, la cornisa, los espejos y los animales se iluminaban mediante numerosas lámparas, mientras los árboles cercanos también brillaban con pequeñas luces blancas. El movimiento producía reflejos continuos sobre los acabados perlados y los ojos de vidrio descritos por Beauchamp.

El carrusel no ofrecía la sensación de conquista asociada con una atracción extrema. Su magia estaba en la repetición: girar, elevarse, descender y volver al mismo lugar mientras el paisaje cambiaba de perspectiva. Era un movimiento sin destino, pero no sin significado.

Dentro de Neverland, esa forma de viajar poseía una resonancia especial. Michael había pasado gran parte de su vida desplazándose entre ciudades, hoteles, escenarios y estudios. El carrusel le permitía moverse sin irse, regresar al mismo punto y conservar durante unos minutos la sensación de estar fuera del tiempo.

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